Lecturas de 2014

Lecturas 2014

2014 fue un año bastante pobre en lecturas, con menos de la mitad de libros leídos de lo normal en mí, pero aun así me apetecía dejar por aquí la lista de lo que leí el año pasado, junto con algún breve comentario, por si le sirve a alguien de utilidad. La lista incluye alguna relectura (El Hobbit, Algo supuestamente divertido que no volveré a hacer) y autores repetidos, como Stephen King, Julian Barnes y, sobre todo, Neil Gaiman. Lo de este último se explica por mi tendencia a leer en serie las obras de los autores que acabo de conocer (y me gustan, claro). Al señor Gaiman lo descubrí el año pasado con American Gods, y después de esa novela cayeron unas cuantas más.

22/11/63’22/11/63′, de Stephen King

El gancho es el viaje en el tiempo, un tema siempre sugerente. Aún más si lo que se quiere cambiar es la muerte de John Fitzerald Kennedy (es habitual que los viajes en el tiempo, al pasado, busquen cambiar algo, aunque ese propósito puede estar más o menos claro al principio). Esta novela está muy lejos de ser una historia de ciencia-ficción (no hay complejas teorías para explicar cómo es posible ese viaje en torno al cual se articula el relato), sino que es más bien una historia de segundas oportunidades y, sobre todo, de oportunidades perdidas. De cómo arreglar una cosa puede hacer que otra se arruine. De los pequeños dramas que se desarrollan a la sombra de la Historia. Muy recomendable. De Stephen King hablé un poco aquí y de esta novela en concreto destaqué un fragmento aquí.


The Hobbit‘The Hobbit’, de J. R. R. Tolkien

Tercera o cuarta vez que releo la historia de Bilbo Bolsón (o Baggins, porque esta vez lo leí en inglés). Puede que sea un cuento para niños, pero esta delicia se disfruta también como adulto. Ni que decir tiene que es una lectura perfecta para compartir con vuestros hijos (o con vuestros padres, si hay en la sala algún menor cuyos progenitores precisen de un poco de ayuda literaria). Y no, no tiene nada que ver con eso que ha hecho Peter Jackson que lleva el mismo nombre. Que no os engañe la publicidad.


American Gods‘American Gods’, de Neil Gaiman

Como decía más arriba, lo primero que leí de Neil Gaiman, y no pude aterrizar mejor. Lo compré por casualidad, dando un día una vuelta por una librería que lo había destacado en un expositor junto a un cartelito en el que se podía leer una sinopsis. Era breve pero suficiente para llamar mi atención. No recuerdo qué decía el cartel, y tampoco podría resumir de qué va American Gods. Sí puedo decir que por sus páginas pasean multitud de dioses, unos procedentes de mitologías ancestrales, recónditas y olvidadas y otros bien conocidos pero relegados por deidades nacidas al amparo de la modernidad y la tecnología. Todos ellos, con Odín a la cabeza, tratan de sobrevivir en un mundo en el que los hombres ya no rezan a los dioses, ni les ofrecen sacrificios, ni se encomiendan a ellos antes de emprender una aventura. ¿Y qué son los dioses sin fieles que los adoren? Sólo historias contadas al calor de una hoguera, historias que se desvanecen si no queda nadie que las cuente y nadie ha tenido la precaución de guardarlas por escrito. ¿Es esa la historia que cuenta American Gods? Sí, y también la de Sombra, su protagonista, arrastrado a su pesar por un torbellino de dioses, prodigios y pesadillas en el que deberá replantearse a cada paso qué es real y qué no y qué es posible y qué no. Si no habéis leído nada de Gaiman, es un magnífico punto de partida para conocer a un autor que no sólo fabula historias asombrosas, sino que tiene un modo muy particular de ver y contar el mundo que nos rodea.


El signo de los cuatro‘El signo de los cuatro’

Segunda de las cuatro novelas que sir Arthur Conan Doyle dedicó a su odiado Sherlock Holmes. La edición que yo tengo forma parte de una colección de novela negra que sacó El País hace unos años, pero hasta el año pasado no me dio por leerla, tras ver la tercera temporada de Sherlock. Como ocurre con casi todos los episodios de la serie, tampoco The Sign of Three es una adaptación propiamente dicha de esta historia, salvo por un personaje llamado Sholto y por la aparición en escena de Mary Morstan, la en la novela futura esposa del doctor Watson. Para mi gusto, mejor que Estudio en escarlata pero peor que El sabueso de los Baskerville. El valle del terror, la cuarta de las novelas, la leí hace décadas, así que no puedo evaluarla ahora. Aquí la novela en inglés en distintos formatos, cortesía del Proyecto Gutenberg.


Arthur & George‘Arthur & George’, de Julian Barnes

Más Arthur Conan Doyle, pero esta vez no es el autor, sino uno de los dos protagonistas de esta novela, una ficción de Julian Barnes a partir de una historia real, la de los Ataques de Great Wyrley, una serie de descuartizamientos de animales de los que se acusó injustamente a George Edalji, un abogado medio indio hijo del vicario de la localidad en la que se produjeron los ataques. Doyle investigó el caso y luchó por defender la inocencia de Edalji, algo que logró tras ocho meses de trabajo. Ésta es la premisa argumental que sirve a Barnes (del que recomiendo El loro de Flaubert y Una historia del mundo en diez capítulos y medio) para construir esta novela, un nuevo ejemplo, como las otras dos obras que menciono, de su género favorito: la ficción historiográfica. La parte menos interesante de este libro es precisamente el tramo en que ambos protagonistas interactúan y afrontan juntos el problema en cuestión. Son mucho mejores las partes precedentes, en las que se nos cuentan las historias personales de Doyle y Edalji. Pese a ello, no está mal.


Diario. Una novela‘Diario: una novela’, de Chuck Palahniuk

Palahniuk es un tipo rarito. Y casi todo lo que escribe lo es, de un modo u otro. Lo que al principio no es más que el diario que una camarera le escribe a su marido en coma para que se pueda poner al día cuando despierte termina siendo una pesadilla de engaños, conspiraciones, asesinatos y mensajes escondidos en los muros de las casas. En medio de todo, una joven que creyó vivir un amor de cuento de hadas y que descubre que no es más que una pequeña pieza en un engranaje que alguien puso en marcha muchos años atrás. Es cortita, se lee casi de un tirón y la mayor parte del tiempo no das crédito a lo que pasa en la historia.


Desayuno de campeones‘Desayuno de campeones’, de Kurt Vonnegut

Me gustó mucho Matadero cinco, así que cuando vi esta novela del mismo autor en el Kindle Flash de Amazon, ni me lo pensé. Pero no fue una compra demasiado acertada. Aunque tiene pasajes, personajes y situaciones muy buenos, el conjunto es en exceso deslavazado (y sobre todo irregular) para mi gusto. No me enganchó demasiado. A pesar de que es muy cortita, me costó terminarla.


El océano al final del camino‘El océano al final del camino’, de Neil Gaiman

De esta novela ya hablé en su momento en este artículo. La recomendé entonces y lo vuelvo a hacer ahora. Es una historia preciosa (para los alérgicos a lo mitológico, que de todo hay, no aparece aquí ningún dios, aunque sí hay un abundante elemento sobrenatural/mágico). Otra que se lee casi de un tirón.


Los hijos de Anansi‘Los hijos de Anansi’, de Neil Gaiman

Una especie de spin off de American Gods, en la que ya aparecía el dios Anansi. Esta novela está protagonizada, como indica su título, por sus dos hijos, uno de los cuales lleva una vida de lo más terrenal, sin saber nada de dioses, ni criaturas sobrenaturales ni poderes mágicos. Como os podéis imaginar, a lo largo de las páginas de esta obra aprenderá mucho de todo eso (demasiado, para su gusto). No es tan buena como American Gods, pero merece la pena.


Al otro lado del Canal‘Al otro lado del Canal’, de Julian Barnes

Colección de relatos con el antagonismo Inglaterra-Francia como hilo conductor. Hay algunos interesantes, pero otros me aburrieron un poco.


Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer‘Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer’, de David Foster Wallace

Reseñar o resumir un libro de David Foster Wallace nunca es fácil, y lo es aún menos si, como es el caso, es un volumen que recopila artículos que sólo tienen en común a un autor y su particular modo de mirar, vivir y narrar eventos tan en apariencia poco jugosos como un viaje en un crucero o una feria estatal y hacer de ellos piezas tan colosales como las que aparecen en este volumen. Entre ellas, el artículo que da título al libro, que quita las ganas a cualquiera que alguna vez haya pensado embarcarse en un crucero; otro sobre la Feria Estatal de Illinois (Dejar de estar bastante alejado de todo) que tampoco da demasiadas ganas de ir; un largo e interesante perfil de David Lynch (y un análisis de su filmografía hasta entonces) a partir de una visita al set de Carretera perdida (David Lynch conserva la cabeza); dos textos sobre tenis, uno autobiográfico, en el que habla de su adolescencia en el Medio Oeste, de su experiencia como jugador semiprofesional juvenil y su amor por las matemáticas (Deporte derivado en el corredor de los tornados) y otro titulado El talento profesional del tenista Michal Joyce como paradigma de ciertas ideas sobre el libre albedrío, la libertad, las limitaciones, el gozo, el esperpento y la realización humana en el que retrata al jugador, explica cómo funcionan las rondas clasificatorias de los torneos y cuenta un poco más de su amor por este deporte; una reseña en la que reflexiona sobre teoría literaria, la crítica y el papel del autor en todo eso (Noticias bastante exageradas) y otro texto monumental, E Unibus Pluram: Televisión y narrativa norteamericana (que ya comenté aquí), que es tan largo, completo y denso como su título sugiere. Pese a la densidad, tanto de este último como de algún otro de los textos, nunca se hace pesado, ni farragoso, ni aburrido. Wallace ponía mucho cuidado en escoger las palabras y expresiones adecuadas para contar lo que quería contar y para hacerse entender y transmitir a sus lectores lo que quería decir (en la página del libro en la Wikipedia están los enlaces a la mayoría de los artículos, para quien prefiera disfrutar de la versión original; lo recomiendo, aunque aviso que no es una lectura fácil). Aunque su visión de acontecimientos como un crucero o la Feria Estatal de Illinois no es precisamente positiva, el relato que de ellos hace no es sombrío, triste o amargo. Hay mucho humor en su forma de mirar el mundo. O al menos lo había. Lástima que quedase sepultado bajo todo lo demás.


La investigación‘La investigación’, de Stanislaw Lem

Pese a su título, si lo que alguien espera es una historia policiaca al uso, se equivoca. Hay un misterio, sí, y la investigación del título está presente en la narración, pero no es ese el centro de la novela. No quiero avanzar mucho más para no destripar la trama, pero sí diré que tanto en la resolución de la historia principal como en la de una de las secundarias el autor podría haber desarrollado más algunas de las ideas que sólo apunta. No está mal, pero no terminó de convencerme. En otro orden de cosas, no sé si Impedimenta habrá corregido ya la edición de Kindle o si la versión a la venta es la misma que yo leí, pero hay unas cuantas cosas que deberían pulir.


El guerrero a la sombra del cerezo‘El guerrero a la sombra del cerezo’, de David B. Gil

Intriga, acción y aventuras son algunos de los ingredientes de esta novela, más que una ficción histórica al uso y que satisfará tanto a quienes buscan un relato que les atrape como a quienes se sumergen en una novela histórica esperando que les transporte a otro tiempo (en este caso, también a una cultura de la que tan poco sabemos por estos lares y que David B. Gil recrea de maravilla) y, de paso, aprender un par de cosas por el camino.


Mamá‘Mamá’, de Joyce Carol Oates

Esta novela fue un regalo en forma de recomendación que Alicia Almárcegui me envió vía Twitter cuando leyó esto que escribí sobre mi madre. Hasta el año pasado nunca había leído nada de Joyce Carol Oates, pero ya la he añadido a mi lista de autores de los que quiero leer más. Por resumirlo sin contar demasiado, la novela gira en torno a una joven que pierde a su madre y narra cómo trata de reajustar su ya caótica vida a esa nueva realidad. Pese a que el tema daría para un relato lacrimoso, la autora bordea con habilidad las trampas del melodrama y ofrece una historia con personajes muy humanos y situaciones muy reconocibles para cualquiera que haya pasado por una situación similar. De lo mejor que leí el año pasado.


La brigada de la muerte‘La brigada de la muerte’, de Joseph D’Lacey

Una historia interesante cuya mayor pega es que es demasiado corta. El mundo que retrata (que aporta un poco de aire fresco a los ya manidos tópicos de plagas zombis) es lo suficientemente intrigante como para haber ocupado más de las apenas 100 páginas que forman esta historia. Aun así, una lectura recomendable para pasar un buen rato (uno corto, eso sí).


El secreto‘El secreto’, de Donna Tartt

Las críticas no se equivocaban. Es una gran novela. A partir de una premisa en apariencia tan tópica como la relación entre un grupo de estudiantes de un centro de élite que comparten el terrible secreto del título, Tartt despliega una jugosa narración protagonizada por unos personajes que, pese a sus peculiaridades, excentricidades y taras psicológicas variadas (y su nada disimulado esnobismo), logran despertar simpatía (y, sobre todo, interés) en el lector. Y parecer reales, por muy exagerada que resulte en ocasiones su caracterización.


Neverwhere‘Neverwhere’, de Neil Gaiman

Otra historia maravillosa de Gaiman. De nuevo, un tipo normal, de vida absolutamente convencional (incluso aburrida, podríamos decir), se ve inmerso en un mundo sobrenatural, misterioso y aterrador que yace agazapado, casi a plena vista, en el subsuelo de Londres (y en algunas ocasiones también en la superficie). No diré mucho más porque es mejor leerlo sin saber demasiado. Bueno, sólo que hay un ángel y que la BBC hizo una serie radiofónica sobre ella de cuyo reparto os sonarán un par de caras.


Ruido de fondo‘Ruido de fondo’, de Don DeLillo

David Foster Wallace veneraba a Don DeLillo, e incluso le escribió alguna vez para pedirle consejo (recién terminada La broma infinita, pero aún sin publicar, Wallace le envió una carta tremenda en la que le pedía ayuda porque, aunque notaba que su escritura era cada vez mejor, ya no se divertía tanto cuando escribía). Tras releer Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer, en el que hay una explícita (y un par de ellas implícitas) e interesante referencia a DeLillo, pensé que ya era hora de que este señor y yo nos conociéramos. Ruido de fondo ha sido mi primera aproximación a su obra (a la que corresponde el fragmento que aparece en Algo supuestamente…, aunque esta coincidencia fue fruto de la casualidad), y ha sido un un grato encuentro. DeLillo construye el armazón de esta novela sobre Jack Gladney, un profesor experto en Hitler que imparte en una universidad estadounidense cursos con títulos tan sugerentes como Nazismo avanzado. Este profesor vive junto a su actual mujer, Babette, previamente divorciada como él, y a varios de sus hijos procedentes de los matrimonios anteriores de ambos y alguno del actual. La vida cotidiana de esta numerosísima familia (a la que además visitan otros de los hijos que no viven con ellos, cónyuges anteriores, familiares de uno y de otro) es una parte importante en la novela (un reflejo de eso que los sociólogos llaman nuevas familias y que hace mucho que no tienen nada de nuevas), como lo es la actividad académica del protagonista y sus relaciones con otros profesores del campus, a través de las que se exploran cuestiones como la percepción individual y social de una misma realidad o el poder revitalizador de la violencia (las charlas de Jack con su colega Murray son estupendas), al mismo tiempo que se vislumbra una crítica a las jerarquías académicas, al creciente peso de todo lo relacionado con la cultura popular en esa universidad y a la vacuidad del discurso de muchos expertos. Pero como ocurre en muchos casos, no es ese el centro de la novela. O al menos, no del todo. Tampoco el escape tóxico que sirve de desencadenante a la acción, aunque tenga un papel destacado en el, a mi juicio, eje temático de Ruido de fondo: el miedo que el protagonista y su mujer tienen a la muerte y todo lo que hacen para combatir ese miedo. En resumen: una novela muy buena, una de esas que sumen al lector en el desasosiego, especialmente en su tramo final.


El libro del cementerio‘El libro del cementerio’, de Neil Gaiman

Ésta es una novela más juvenil que las otras de Gaiman que he leído, y eso se nota. Aunque la idea (como de costumbre) es fantástica y también su desarrollo inicial, el tramo central se queda a medio camino y la resolución es mucho más rápida de lo que me habría gustado. Están casi todos los elementos de otras novelas, pero en formato simplificado o reducido, por así decirlo. Tal vez sea una buena puerta de entrada a lectores más jóvenes o poco familiarizados con este autor.


La historia de Lisey‘La historia de Lisey’, de Stephen King

En la entrevista de Rolling Stone de la que hablé hace poco Stephen King decía que ésta era su mejor novela y que en ella había querido hablar de dos cosas: “Una era el mundo secreto que la gente construye dentro de un matrimonio y la otra que, incluso en ese mundo íntimo, sigue habiendo cosas que no sabemos del otro”. En ese mismo especial, la revista apuntaba que había una línea que separaba la obra del autor en dos periodos bien definidos: antes y después del accidente que casi le mata en 1999. La historia de Lisey se encuadra claramente en esa segunda etapa, y en ella King imagina cómo habría sido la vida de su mujer si no hubiese conseguido salir con vida de ese accidente. La Lisey del título es la viuda de un escritor, una mujer atrapada en el vacío que deja tras de sí la pérdida de un ser querido que trata de poner orden en el legado de su marido mientras, al mismo tiempo, tiene también que ordenar sus propios recuerdos (incluidos los reprimidos) y otras cosas, más peligrosas, que su difunto esposo le dejó. No se lee de un tirón porque es un tocho importante, pero cuesta mucho dejarlo cada vez que se coge para sumergirse en esta madeja de pérdida, dolor, traumas infantiles, el elemento fantástico habitual de las novelas de King y, pese a todo, considerables dosis de humor (como el retrato de académicos que se convierten en aves de rapiña cuando hay en juego posibles textos inéditos de un autor célebre fallecido).


Mr Mercedes‘Mr. Mercedes’, de Stephen King

Aunque interesante, esta incursión de Stephen King en la novela policiaca (que de paso abre una trilogía dedicada a su protagonista, el inspector retirado Bill Hodges), se desinfla un poco cuando se acerca a su último tramo. Supongo que me gustó demasiado el principio, en el que en apenas unas páginas dibuja un par de personajes con los que no cuesta nada empatizar (personajes que, por cierto, no son los protagonistas). Cuando empieza la acción principal propiamente dicha, también dibuja con acierto a sus dos antagonistas: el ex policía y el asesino que da título al libro, que se van alternando en sus papeles de presa y cazador a lo largo de la historia. Me ha resultado más interesante leer cómo se desenredaba la madeja que el tramo final. Y no porque el desenlace sea malo o previsible, sino porque me interesa más la investigación y el duelo psicológico entre los dos protagonistas que la pura acción.


Why not Catch 21?‘Why Not Catch-21?: The Stories Behind the Titles’, de Gary Dexter

Como pasa en ocasiones con los libros que recopilan textos, aunque lleven todos la firma de un mismo autor, es un tanto irregular, con artículos mucho más interesantes que otros. En cualquier caso, una lectura entretenida en la que se aprenden un par de cosas sobre obras clásicas de la literatura y sus autores.

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5 comentarios sobre “Lecturas de 2014

  1. Menudo atracón de Gaiman, pero me sorprende que, tras descubrirlo, no hayas atacado la que está considerada su mejor obra: Sandman. Por cierto, gracias por hacerle un hueco a mi novela en tus lecturas del año. Viendo lo que has leído antes y después no sé cómo he aguantado el tipo.

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    1. No hay nada que agradecer, jeje, fue un placer leerla. Lo que no te he preguntado, creo, es si tienes alguna otra por ahí…

      En cuanto a ‘Sandman’, lo tengo en la lista de lecturas pendientes, pero admito que me da un poco de pereza coger un cómic o una novela gráfica. Tengo poca costumbre, me temo. No es mal propósito para este año intentar remediar eso.

      Gracias a ti por pasar por aquí y por comentar.

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