‘El País’, Google News y los ‘piratas’

Newspapers B&W (4)

Foto: ‘Newspapers B&W (4)’, de Jon S

Como supongo que sabréis, Google News ha anunciado su inminente cierre en España por culpa de la nueva Ley de Propiedad Intelectual que obliga a los agregadores de noticias a pagar una tasa a los editores de diarios por incluir sus contenidos (resumiendo mucho el tema). También supongo que sabréis que dicha tasa fue una idea de esos mismos editores, que tras saberse el cierre de Google News han matizado inmediatamente sus demandas. Además de la (divertida) nota emitida por la Asociación de Editores de Diarios Españoles (AEDE), algunos de los medios que pertenecen a esa asociación han publicado editoriales sobre el tema.

Uno de ellos es El País (*), que ayer se despachó con un texto titulado Piezas complementarias en el que, después de dorarle la píldora un poco a Google, dice esto:

“…la decisión de retirar a los editores españoles de Google News y de cerrar este servicio es una mala noticia para todos: empresarios de medios y usuarios. Algo que no parecen entender del todo los burócratas que en España y otras partes de Europa han manejado el asunto”.

Y esto otro:

“…AEDE (…) urgió a las autoridades españolas y europeas a que busquen una solución. Son ellas las responsables de encontrarla, de forma que los editores no tengan que sufrir las consecuencias de su incapacidad. El principal interés de editores y lectores es el de mantener Internet abierto a todos. (…)  en Alemania, se impuso la tesis del editor conservador Axel Springer para relegar a Google y perjudicar a los usuarios. El Gobierno alemán, justificando la defensa de los periódicos, se alineó en contra de los intereses de los lectores”.

Dice más cosas, pero queda claro el tono, ¿no? Curiosamente, en los editoriales relacionados que ofrece la pieza en la web aparece enlazado otro, de febrero, titulado Justa compensación y que habla de la última reforma de la Ley de la Propiedad Intelectual (la que nos ocupa), que incluye, según el editorialista,

“…el reconocimiento de que la prensa tiene derecho a percibir una compensación por parte de los agregadores de noticias que utilizan, ahora de forma gratuita, sus contenidos. Es un principio esencial por cuanto la difusión de dichos contenidos de manera masiva es una práctica lesiva para la prensa. De hecho, otros países como Francia, Bélgica o Alemania han llegado a acuerdos con los grandes agregadores de noticias, como Google (…) La Asociación de Editores de Diarios de España, a la que pertenece este periódico, ha aplaudido la medida porque supone un reconocimiento del valor de los contenidos”.

Y continúa el editorial:

“La prensa, por su parte, contará con un nuevo instrumento con el que quizá logre una distribución más equitativa de los beneficios que genera su actividad y que ahora se desvían hacia esos intermediarios que se lucran de su trabajo”.

El texto termina con esta joya:

“La ventaja de los legisladores es que la sociedad ya no escucha el discurso tramposo de una Red carente de reglas y de derechos”.

Parece que ha cambiado un poco la postura, ¿no? Si en febrero alababan lo hecho en países como Alemania, ¿cómo es que ahora no les gusta? ¿Y cómo es que en febrero AEDE aplaudía la reforma de la ley de Propiedad Intelectual y ahora, diez meses después, se echa las manos a la cabeza?

Si seguimos saltando por los artículos relacionados que nos ofrece la web de El País (ni siquiera hay que molestarse en bucear en la hemeroteca, que arrojaría aún más ejemplos), aterrizamos en uno de marzo de 2013, titulado Ocasión perdida, en el que se quejan de que la reforma que hizo entonces el Gobierno del Partido Popular de la ley Sinde no era tan dura como debería (vamos, como ellos querían). En ese texto se incluye esta gloriosa frase:

“Otros países, como Alemania, Francia o Bélgica, han sido más valientes regulando, por ejemplo, el uso que los agregadores de noticias hacen de los contenidos de prensa sin mediar pago alguno, como ocurre ahora en España”.

¿Pero no era culpa de “los burócratas que en España y otras partes de Europa han manejado el asunto” todo el follón del cierre de Google News? ¿Cómo es que hace sólo unos meses aplaudían la regulación de la que ahora reniegan y hace año y medio pedían precisamente esa regulación? ¿Tanto ha cambiado la línea editorial de El País en este tiempo?

Son preguntas retóricas, obviamente. Conozco perfectamente la respuesta. Y supongo que vosotros también. Ya sé que hay muchos medios (y políticos, empresarios…) que consideran a sus lectores (y a los ciudadanos) estúpidos (o desmemoriados). Tal vez El País debería esconder un poquito más los enlaces de los textos que atestiguan los bandazos de su línea editorial (empresarial, más bien).

De la mal llamada crisis del periodismo ya he escrito bastante por aquí (**), así que no me repetiré. Y no, no tengo una solución. Lo peor es que los que supuestamente saben de esto tampoco la tienen. Mientras deciden qué hacer ya se han perdido miles de puestos de trabajo en una profesión que de paso se ha dejado por el camino (por culpa de estos iluminados) buena parte del crédito que tenía. Y los de siempre siguen eso, donde siempre. Escribiendo editoriales sin acordarse de las hemerotecas.

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(*) Hablo de El País como podría hablar de cualquier otro de los implicados. No iba buscando nada de esto, pero me topé con el de El País y seguí por ahí.

(**) Por si hay alguien interesado en leer mis reflexiones sobre el tema (hay gente para todo), aquí van un par de enlaces. El más antiguo es de marzo de 2011. Y este debate ya era viejo entonces:

¿Crisis del periodismo? No, crisis de los medios

Periodistas e internet: condenados a entenderse

Un par de reflexiones sobre la prensa en internet

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Profesores de Lengua en Secundaria

Hace unos días me quejaba en este otro artículo de las carencias lingüísticas y de conocimientos en general que mostraban hoy en día muchos estudiantes universitarios, en concreto de Periodismo. Y me preguntaba cómo gente que claramente no sabe escribir ni sabe tampoco casi nada del mundo en que vive puede haber llegado a la Universidad.

Por mi hermano, que enseña en Primaria, sé de algunos de los disparates que se cometen en las aulas al dictado de las autoridades educativas (llamadlos consejerías o Ministerio de Educación o, simplemente, el sistema), que reprimen con dureza cualquier intento por parte de los profesores de hacer algo productivo con los alumnos que se les encomiendan. Lo que no sabía es hasta qué punto llega el disparate. Un profesor de Lengua en Secundaria me ilustró muy bien la situación en un comentario que reproduzco aquí por su interés (las negritas son mías):

Como profesor de Secundaria de Lengua, me gustaría comentarte un par de aspectos que, quizá, te ayuden a responder a algunas de las preguntas que lanzas en tu texto.

“No entiendo qué se les enseña en los niveles educativos previos”, comentas. El problema no es el qué, sino en qué condiciones. Me explico: lo lógico sería, en mi asignatura, que pudiese suspender a alguien por faltas de ortografía, ¿verdad? ¡Pues no! No puedo restar ni una sola décima a aquellos alumnos que me escriben con faltas. ¿Por qué? Porque vienen unos señores inspectores que me pueden sancionar si lo hago.

Pero voy más allá. Yo no he estudiado Filología, sino Periodismo. Los avatares del destino me han llevado a trabajar en la enseñanza, campo en el que me marqué, como objetivo primordial, conseguir que las nuevas generaciones escribiesen mejor. ¿Y sabes lo que ha sucedido? Que, a pesar de que he tenido bastante éxito en esta empresa, mis compañeros de departamento, filólogos ellos, me recriminan por dedicar tiempo a escribir en vez de a enseñar morfosintaxis. Y no me apoyan en absoluto.

A esto hay que añadir un aspecto más: los padres, que suelen ser peores que los hijos. A mí me han obligado a aprobar a alguien que tenía suspendidos todos los trimestres de Lengua y el examen de recuperación de septiembre. ¿Por qué? Porque los padres se empecinaron en que su hijo tenía que pasar al siguiente curso como fuera; y, con la connivencia de los inspectores, no tuve más remedio que aprobar a una persona con faltas, que apenas entiende lo que lee y que, por supuesto, no sabe distinguir un sustantivo de un adjetivo.

Ese es el panorama al que nos enfrentamos muchos (porque, evidentemente, no soy el único) profesores de Secundaria de Lengua castellana y Literatura a día de hoy. Esa es la sociedad en la que vivimos. Entiendo tu indignación: comprende nuestra impotencia.

Un cordial saludo,

Un profesor de Secundaria

Ignoro dónde enseña este profesor, pero imagino que será lo de menos. Por lo poco que sé, creo que hace tiempo que el sistema educativo es una broma de mal gusto que, al final, terminará engullendo a este profesor y a todos los que, como él, sigan pensando que su trabajo es enseñar a sus alumnos, no aprobarles porque lo dicen los inspectores (o sus padres, tanto da). Como digo, soy profana en la materia, así que no se me ocurre cómo dar la vuelta a esta situación, pero el panorama es desolador.

Estudiantes de Periodismo

Sigo creyendo que no es el periodismo el que está en crisis, sino las empresas periodísticas, pero en los últimos tiempos han llegado a mis alarmados oídos datos que me hacen pensar que, aunque no lo esté ahora, el periodismo estará definitivamente en crisis dentro de no mucho.

Supongo que, además de los especímenes de los que voy a hablar, habrá también en las aulas de las facultades de Periodismo estudiantes normales, con un mínimo conocimiento del mundo en el que viven y un mínimo interés y curiosidad por saber más de él, puesto que se están preparando para contar a la gente cómo es ese mundo. No sé si suponer es el verbo adecuado. Tal vez confiar, esperar o desear sean más apropiados. Pero junto a esos estudiantes normales hay otros que tienen dos problemas fundamentales: el desprecio por la lengua y un desinterés absoluto por lo que pasa a su alrededor.

Puede parecer una obviedad, pero la lengua es una herramienta fundamental para un periodista. Los periodistas trabajamos con palabras, jugamos con ellas para contar las historias que tenemos en la cabeza de modo atractivo, eficaz y ajustado a la realidad. Debemos dominar las palabras y su uso, su significado, su sentido, su ortografía y la gramática y la sintaxis con que todas ellas se articulan en un mensaje.

Basta salir de los márgenes de nuestro timeline de Twitter o Facebook o mirar los comentarios de un periódico para comprobar que la gente, en general, no sabe escribir. Ni le importa. Es más, si haces algún comentario al respecto, por muy educado que sea, te responderán con estupideces del tipo “lo importante es que se me entienda” o “no he tenido la suerte de estudiar”. Y, como tienes más educación que ellos, no les dices que el problema es que no se entiende lo que dicen y que en lugar de alardear de su ignorancia ante el mundo bien podrían coger un libro. Porque es evidente que tienen conexión a internet y tiempo libre para pasearse por redes sociales y periódicos. Si no saben, es porque no quieren saber.

¿Soy radical? Es posible, pero no entiendo, por ejemplo, que estudiantes con alarmantes faltas de ortografía lleguen a la Universidad (y salgan de ella con un título bajo el brazo). No entiendo qué se les enseña en los niveles educativos previos y cómo los profesores universitarios no suspenden sistemáticamente a los alumnos que no escriben correctamente (me consta que algunos bajan nota, pero no sé si llegan a suspender). Esto se aplica a cualquier especialidad, pero sobre todo a quienes aspiran a ganarse la vida escribiendo o hablando. No tengo una lista de todas las barbaridades que he visto en los últimos 15 años en becarios y redactores (y hasta directores) de los sitios en los que he trabajado, pero podría decir que mis ojos han padecido casi cualquier aberración ortográfica que imaginéis. Sí, ésa también.

Aquí repito lo que dije más arriba. Si estás trabajando en un ordenador, con conexión a internet y diccionarios on line a mano, si metes la zarpa es por pura desidia.

El otro problema es el desinterés por eso que llamamos actualidad. Si estás estudiando Periodismo, se supone que quieres ser periodista, y en principio los periodistas trabajan en medios de comunicación en los que se habla de temas de actualidad, ¿no? Por eso tiene cierta lógica pensar que algo te interesará la información y los medios de comunicación, ¿no?

Pues por lo visto, no.

Como en el apartado anterior, hacer una lista de todas las cosas obvias que el estudiante medio de Periodismo no sabe sería largo y tedioso, así que sólo dejaré unas muestras, a modo de ejemplo.

-No saben quién es Felipe González (“no sé… ¿alguien importante?” fue la balbuceante respuesta de una becaria cuando se le pidió que buscase una foto del antiguo presidente del Gobierno y, ante su silencio, uno de mis compañeros le preguntó si no sabía quién era).

-Tampoco saben quién es John Fitzgerald Kennedy (en realidad no sé qué es peor, si lo anterior o esto, pues la anécdota ocurrió justo cuando se cumplía medio siglo de su muerte, con el bombardeo mediático correspondiente. Pues no, ni por ésas. En serio, ¿cómo puede un estudiante universitario no saber quién es JFK? No me lo explico).

-Ni Artur Mas (la verdad es que tiene mérito. No saber quién es Artur Mas viviendo a día de hoy en España implica un nivel de abstracción digno de aplauso. También implica que en su vida se ha acercado a un medio de comunicación, en general, lo que me hace de nuevo preguntarme por qué estudia Periodismo).

Con estas lagunas, no quiero ni saber cuáles serán sus conocimientos en el resto de asuntos. No, de verdad que no quiero saberlo.

Lo mejor es que esta gente, como esos de los que hablaba más arriba, no son conscientes de su propia ignorancia, de que hay cosas que deberían saber. Algunos sí lo son, e incluso se enorgullecen de ello y se rebelan contra los profesores que les penalizan en las calificaciones por las faltas de ortografía o de expresión, y contra los que (sádicos torturadores) les ponen en clase tests de actualidad, porque a ellos no les interesa la actualidad ni tienen tiempo de mirar medios de comunicación para ver qué demonios pasa en el mundo. Lo que a ellos les gusta es que los profesores planteen temas para debatir en clase. Claro que sí. Debatamos sobre temas de los que claramente no tenemos ni idea. Otros medios no sé, pero la televisión sí que la ven. Y saben perfectamente qué quieren ser de mayores: tertulianos.

Aunque parezca exagerado, todo esto es real, y corresponde a alumnos reales que en estos momentos estudian Periodismo en Sevilla, en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla y también en alguno de esos centros privados que imparten esta titulación. No sé vosotros, pero yo voy a empezar a mirar planes de pensiones. Suponiendo que aún haya un sistema público cuando me toque retirarme, está claro que esta gente no va a ser capaz de pagarme la jubilación…

La crisis de los medios: un caso práctico

En las últimas semanas, con temas como el accidente de tren de Santiago hemos visto muchos disparates en los medios con los que demostrar lo que decía en este otro post, pero no me gusta frivolizar con un tema tan serio, así que prefiero burlarme de una noticia mucho más tonta: el anuncio de la boda del futbolista Xavi Hernández con una periodista. La noticia es de hace unas semanas, pero es de una incompetencia que no pasa de moda. La publicó el ABC en su web, no sé si también apareció en la edición impresa, y la firma una tal Ana Luisa Islas. Las negritas son mías, para destacar los puntos fuertes de la pieza, que son unos cuantos:

Xavi Hernández se casa con una periodista «anónima»
El futbolista se unirá el próximo sábado a su novia, Nùria Cunillera, en la Costa Brava

Ya empezamos mal. Si en el titular pone que es anónima, ¿como puede ser que en la entradilla ya se sepa cómo se llama? Si quería decir que la muchacha es poco conocida o no es popular, o lo que sea, que no use la palabra anónima. No significa eso.

Dicen que polos opuestos se atraen. Sin embargo, toda regla tiene sus excepciones. En el caso de ésta, un claro ejemplo es el de Xavi Hernández y su futura esposa Nùria Cunillera. La pareja no solamente coincide en el cariño que se tienen, sino también en la manera en que llevan su vida personal. Poco se sabe de ambos, porque así lo han querido.

Aquí empiezan los problemas. No entiendo a qué viene lo de los polos opuestos si luego dice que no, que de opuestos, nada. Y tampoco entiendo que “el cariño que se tienen” y que les guste la discreción sean argumentos como para afirmar que tienen mucho en común. Quedaos con lo de “poco se sabe de ambos”, que tiene miga.

A diferencia de sus compañeros de equipo, tanto los de la selección como los del FC Barcelona, Xavi siempre ha tenido un perfil lado B. El centrocampista no ha invertido en el equipo de Terrassa, su localidad natal, como hizo Iniesta con el Albacete. Tampoco ha participado en campañas de Marketing a diestra y siniestra, como sí han hecho Messi o Piqué. Es más, Hernández prefiere las campañas altruistas. Ha participado en varias, como la multipremiada de Médicos Sin Fronteras «Pastillas contra el dolor ajeno» o la de la Obra Social La Caixa, en contra de la pobreza infantil. Tampoco tiene una cuenta de Twitter que le permita anunciar sus nuevos noviazgos y rupturas, como hace su compañero Carles Puyol. La vida de Xavi, cuando se saca los botines, es un enigma.

Relleno de libro que no aporta absolutamente nada ni a la noticia ni al mundo en general. Eso sí, la última frase es gloriosa.

Así también es la vida de Nùria Cunillera, la joven periodista de 32 años con la que contraerá matrimonio el sábado 13 de julio en la localidad de Blanes (Girona) en la Costa Brava. Desde que iniciaron su noviazgo, hace un año y medio, pocas veces se les ha visto juntos en público, salvo contadas ocasiones, como unas vacaciones en Ibiza, una entrega de premios y una cena con todos los compañeros del jugador en el restaurante Arola de Barcelona.

Seguimos añadiendo datos al perfil de la “periodista anónima”. Tiene 32 años y apenas se la ha visto junto a su novio, salvo todas estas que se relatan en este párrafo. A la autora le gustan las contradicciones y los contrastes o simplemente no sabe escribir y/o cómo rellenar el hueco que le han endosado. Apuesto por lo segundo.

Por suerte para Nùria, el resto de las consortes de los equipos donde juega su futuro esposo siempre acaparan los focos. ¿Cómo podría competir «la vecina de al lado», que además trabaja en una empresa familiar, contra la omnipresente Sara Carbonero, la polémica Daniella Semaan, la voluptuosa Antonella Roccuzzo o la superestrella Shakira? A diferencia del resto, Cunillera mantiene su Twitter con candado, ha cerrado su cuenta de Linkedin y no da entrevistas. Poco se sabe de ella, a pesar de ser periodista.

Vuelve a rellenar comparándola con las novias de otros futbolistas, sin venir a cuento, y vuelve a insistir en que poco se sabe de ella (la coletilla “a pesar de ser periodista” es genial, como si todos los periodistas fuésemos perfectamente conocidos y reconocibles por todas partes).

La joven de Sabadell (Barcelona) estudió Periodismo y Relaciones Públicas en la Universidad de Vic. En 2006 cursó un Máster de Periodismo en la Universidad de Barcelona, en conjunto con la Universidad de Columbia de Nueva York. Ahí mostró su interés por la televisión. Al terminar, realizó prácticas en el programa de TV3 «Els Matins». Más adelante, colaboró como reportera de los informativos del Canal Digital de su ciudad, para luego unirse como ayudante de producción para un programa de concursos de Barcelona Televisión que nunca vio la luz. Más tarde ingresó a las filas de la Agencia TMR Comunicación en donde gestionaba la comunicación de empresas. Lo último que se sabe de ella es que trabaja para una empresa familiar.

Pues para saberse poco de ella sí que se saben cosas, ¿no?

Antes de conocer a Nùria, Xavi salió muchos años con otra periodista, también de perfil discreto, Elsa Egea. Al segundo capitán de la selección le gustan las mujeres comunes y corrientes, igual que él. Sin embargo, ésto no significa que le gusten las chicas tímidas. A Cunillera no le gusta llamar la atención de los medios de comunicación, pero en privado se desenvuelve como pez en el agua. «Era uno de los motores del grupo», explica un profesor del máster que cursó. Como el jugador blaugrana, su futura esposa también era timón de su equipo. La joven no era tímida y tenía muchos amigos. «Era organizadora: convocó a una barbacoa y a la fiesta de San Juan; era una de las que más participaba en los encuentros y salidas», agrega. «Fue una buena alumna, y se notaba que estaba más cómoda en el formato de televisión», puntualiza el académico.

“Mujeres comunes y corrientes” y “chicas tímidas” en la misma frase. De nuevo, otro ejemplo de churrimerinismo. Tenía muchos amigos y se encargaba de organizar las fiestas. Datos todos muy interesantes, claro que sí.

Como parte de su trabajo en el máster, Cunillera realizó una entrevista al ex jugador del Barcelona Oleguer Presas, también de Sabadell, famoso porque declaró que nunca jugaría en la selección española y porque participó en una manifestación «okupa». Quizás Presas fue quien le presentó a Hernández. De trabajo final, la joven realizó un reportaje para televisión sobre la integración de los transexuales en la sociedad. «Fue un buen trabajo», explica su antiguo profesor.

Tenemos hasta datos del trabajo de fin de máster de la periodista anónima de la que no se sabe nada. Y una entrevista a un ex jugador, que tampoco aporta nada, salvo una ¿pista? de quién pudo presentar a la pareja. Eso sí, ya has rellenado otro párrafo.

La pareja contraerá matrimonio en un discreto convento medieval, a orillas de la Costa Brava. A la ceremonia acudirán 150 invitados, entre los que destacan los compañeros de Xavi. De acudir las parejas de los futbolistas, Cunillera volverá a quedar en segundo plano y podrá disfrutar discretamente del mejor día de su vida.

Vamos a ver, señora autora de esto. Básicamente le está diciendo a esta muchacha, periodista anónima de la que poco se sabe, que ni en el día de su boda va a ser capaz de destacar si van las novias de otros futbolistas. Igual no sabe cómo va lo de las bodas, pero le diré dos cosas. Una: en una boda nadie destaca más que la novia. No se puede. Va contra las normas. Dos: la novia (y el novio) raramente disfrutan del “mejor día de su vida”. Demasiado jaleo.

Podría extenderme mucho más sobre las bodas, el periodismo y unas cuantas cosas más, pero sobre lo primero ya escribí en otro sitio y sobre lo segundo he escrito bastante en éste. Como ejemplo, tal vez parezca un poco tonto, sí. Lo peor es que estos disparates no sólo ocurren cuando se habla de la boda de un futbolista, sino también con todo lo demás. Y eso es más serio.

¿Crisis del periodismo? No, crisis de los medios

Lo llaman crisis del periodismo, pero no es el periodismo el que está en crisis, sino los medios de comunicación llamados tradicionales: periódicos, teles, radios… Son ellos los que en los últimos años se están yendo a pique y, de paso, miles de periodistas que trabajaban en ellos. El periodismo no está en crisis. Hay mucha demanda de información y cada vez una mayor demanda de buena información. Y eso es positivo. ¿Es peor la información que recibimos ahora que la que recibíamos hace unos años? No lo creo. Lo que sí sé es que cada vez hay más ciudadanos críticos con esa información que reciben y que ahora tienen medios de mayor alcance para manifestar públicamente su disgusto.

Esa crisis por la que pasan los medios es en esencia financiera. Tienen otros muchos problemas, claro, pero ninguno de ellos les preocuparía si las cuentas fuesen bien. Si entrase publicidad a raudales como en tiempos no tan lejanos, a ninguno le importaría cómo se hacen las cosas y si sus clientes están o no contentos. Porque, que nadie se confunda, los lectores/oyentes/espectadores sólo somos clientes, y aquí los clientes no tienen la razón. A los medios no les importa que sus clientes estén contentos. Prefieren que lo estén sus anunciantes, políticos, empresarios, ‘amigos’ (de los dueños, los jefes…) y, en definitiva, la gente con poder. Los demás… bueno. Somos para ellos lo que los ciudadanos para los políticos. Menos que nada.

Aunque se lleve relativamente poco tiempo hablando de ello, la crisis de los medios no es nueva. Muchas personas (porque todos los que trabajamos en esto hemos metido alguna vez la zarpa; el que diga lo contrario miente) hemos aportado durante muchos años todos los granitos de arena que han creado esta montaña que amenaza con derrumbarse y sepultarlo todo.

Sólo que al final no lo hará. Se irán unos cuantos cientos más de periodistas al paro, se cerrarán unos cuantos medios más (ninguno de primera fila) y los que más contribuyeron al desastre seguirán sentados en sus poltronas, codeándose con los poderosos y convenciendo a quienes trabajan para ellos de que eso de los contratos indefinidos ya no se lleva y preguntándoles para qué narices quieren ganar mil euros al mes.

Como digo, todo esto no es nuevo y desde luego no hay una única causa a la que culpar. Pero hay cosas que no ayudan. Nada. Y si en los medios impresos los desastres se pueden señalar a puñados, si entramos en sus ediciones digitales, esos pozos sin fondo de despropósitos (sé de lo que hablo, trabajo en uno), el panorama es desolador.

En otros países, sobre todo los anglosajones, que son los que más controlo, las ediciones digitales de los principales periódicos impresos no son meras ediciones digitales, sino publicaciones serias, en ocasiones muy buenas y con entidad suficiente, no meras extensiones de sus hermanos impresos. En España la cosa no funciona así. Salvo excepciones, que las hay, las ediciones digitales de las cabeceras impresas son eso, ediciones, a las que nadie echa demasiada cuenta (en no pocas ocasiones los jefes ponen al frente a tipos de los que no saben cómo deshacerse o a vendehumos que con un par de palabrejas en inglés les hacen creer que saben de lo que hablan; como ellos tampoco tienen ni idea, ni les importa, se tragan el anzuelo) y en las que, literalmente, cabe de todo.

Ya lo he explicado alguna vez, pero muchos textos se copian tal cual de agencias, notas de prensa o sabe dios y se publican. Sin edición, sin retoques, sin corrección. Y ahí se quedan. De hecho, en ABC tienen un sistema de volcado automático de teletipos. Tal como entran los textos por el servidor de agencias, se publican automáticamente en la web. En cuanto mi empresa encuentre un sistema similar baratito, me puedo dar por despedida. De hecho, hasta lo entendería. Si sólo les interesa que entren bien los contenidos de la edición impresa y meter unos cuantos teletipos a lo largo del día, ¿qué sentido tiene tener periodistas en la web?