‘El océano al final del camino’

The Ocean at the End of the Lane

“Se había echado a llorar, y yo me sentía incómodo. No sabía qué hacer cuando un adulto se echaba a llorar. Era algo que solo había visto en dos ocasiones: había visto llorar a mis abuelos cuando murió mi tía, en el hospital, y también había visto llorar a mi madre. Los adultos no deberían llorar. No tienen una madre que los consuele”.

Un estanque que es un océano, un océano que es sólo un estanque, y además cabe en un cubo… Un niño que vive una aventura extraordinaria, aterradora, improbable, de la que nada recuerda al crecer. Ni siquiera a esas tres mujeres que le salvaron la vida, tres mujeres que tal vez sean una sola, tan vieja como el mundo y tan improbable como todo lo demás.

El océano al final del camino es una novela corta o un relato largo, una historia deliciosa en su aparente sencillez que se inscribe en el universo onírico y fantástico al que tan afecto es Neil Gaiman pero en la que prescinde del armazón mitológico sobre el que se asientan novelas como American Gods o Los hijos de Anansi. No hay aquí dioses propiamente dichos, o al menos no dioses que conozcamos, pero sí hay criaturas fantásticas, poderosas y terribles, de esas que pueblan las pesadillas, especialmente las de los niños.

Precisamente un niño es el protagonista de El océano al final del camino, un niño que al crecer olvidó que conoció a tres guardianas que mantienen a raya a las pesadillas de otros mundos que tratan de cruzar al nuestro, que olvidó que por un descuido proporcionó a una de esas criaturas el pasaporte para amenazar el tejido mismo de nuestra realidad, que olvidó el miedo y el dolor y las bajas que hubo en aquella batalla, que olvidó que se sumergió en un estanque que encerraba todo el universo.

“Lo segundo que pensé fue que lo sabía todo. El océano de Lettie Hempstock fluía por dentro de mí, y llenaba el universo entero, desde Huevo hasta Rosa. Lo sabía. Sabía lo que era Huevo —donde comenzó el universo, con el canto de unas voces no creadas que cantaban en el vacío— y sabía dónde estaba Rosa —el peculiar pliegue del espacio sobre el espacio que daba lugar a diversas dimensiones que se plegaban como figuras de origami y florecían como extrañas orquídeas, y que marcaría la última época buena antes de que se acabara todo y llegara el siguiente Big Bang, que sería, ahora lo sabía, completamente distinto—. (…)
Vi el mundo en el que había vivido desde mi nacimiento y comprendí lo frágil que era; comprendí que la realidad que yo conocía no era más que la fina capa de glaseado que cubre una inmensa y oscura tarta de cumpleaños, preñada de larvas, de pesadillas y de hambre. Vi el mundo desde arriba y desde abajo. Vi que había rutas y puertas y caminos más allá de la realidad. Vi todas esas cosas y las entendí y me llenaron por dentro, como me llenaban las aguas del océano.
Todo me susurraba en mi interior. Todo hablaba con todo, y yo lo sabía todo”.

Ese niño, ya mayor, lo ha olvidado todo. Al volver a la casa familiar por un funeral vuelve a encontrarse con una de las guardianas, una de las Hempstock. Y allí, en el estanque (¿o era un océano?) donde ocurrió todo, recuerda. Y su recuerdo, el recuerdo de un  niño, fragmentado, impreciso, pero honesto, es el relato que leemos. Pero al terminar, cuando se despide y se marcha, vuelve el olvido, disfrazado primero de un manto de duda que termina por borrarlo todo. Tal vez porque aquello en realidad nunca ocurrió, tal vez porque hay que dejar algunas cosas atrás para poder seguir avanzando.

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4 comentarios sobre “‘El océano al final del camino’

  1. Buena reseña aprovechando la visita de Mr. Gaiman a tierras españolas (que todo suma para el SEO y el posicionamiento). Le tengo ganas a esta novela desde hace meses, probablemente este verano le hinque el diente, y ahora que la recomiendas, con más motivo. Además, últimamente sólo leo tochos, me apetece algo más cortito. Mi única duda es si no sería mejor empezar con American Gods, porque del Gaiman literario sólo he probado Stardust, y más que novela es un cuento ilustrado.

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  2. ¿Está el señor Gaiman por aquí? Ni idea, jaja. Es pura casualidad. El post lleva en borradores mes y pico y esta mañana, que me he despertado demasiado temprano, me ha dado por terminarlo.

    De Gaiman sólo me he leído 'American Gods', éste y 'Los hijos de Anansi', por ese orden. 'El océano…' es una delicia que se lee muy rápido (es uno de los motivos por los que me lo leí cuando lo hice, para respirar entre tochos) y 'American Gods' es una maravilla. Si te apetece algo rápido, tira por éste, por ejemplo, y vete luego a por los dioses.

    Gracias por pasar por aquí 🙂

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