Hogwarts es Poudlard y otros cambios de Harry Potter en Francia

Alnwick Castle

Foto: Andrew Cheal Photography

La imagen de arriba corresponde al Castillo de Alnwick, en Northumberland (Reino Unido), que sirvió de inspiración para recrear la Escuela Hogwarts en la adaptación al cine de la serie de Harry Potter. También ha servido de gancho a El País para publicitar en la portada de su web un reportaje titulado Castillos de cine en el que se habla de Versalles o la abadía de El nombre de la rosa, entre otros lugares que sirvieron como set de rodaje o de material para recrear los escenarios de varias películas. Uno de esos sitios es el Castillo de Alnwick, y de él y de Harry Potter habla este reportaje (a saber por qué empieza con la segunda película, como si el personaje o la propia escuela no hubiesen estado ya en la primera), en el que se puede leer esto:

Obligado a pasar sus vacaciones en casa de sus tíos, Harry recibe la visita de un elfo que lo pone en guardia contra un peligro que amenaza el internado de Poudlard…

Un momento. ¿Poudlard? Será un error. Lo paso por alto y sigo adelante. En el siguiente párrafo, esto:

Poudlard es un castillo invisible para los moldus, los no magos…

¿Otro Poudlard? (quedan dos más, incluido un Poudlard Express) ¿Y ese moldus?

Ahí es donde paré para buscar qué demonios era eso de Poudlard, porque estaba claro que era un error, ¿no?

poudlardPues no. Así es como se llama Hogwarts en la edición francesa de los libros de Harry Potter. No es el único cambio. Las casas se llaman en francés Gryffondor, Poufsouffle, Serdaigle y Serpentard (en lugar de Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin) y hasta a Severus Snape le han cambiado el nombre por Severus Rogue.

Buceando un poco, parece que todas ellas (e imagino que alguna más, aparte de cambiar muggles por moldus) fueron decisiones de Jean-François Ménard, traductor al francés de las obras de J. K. Rowling. Siempre es complicado determinar qué se traduce y qué no, sobre todo si hablamos de obras con una terminología tan singular como el universo de Harry Potter, pero no sé por qué Ménard dejó muchos nombres (tanto de lugares como de personajes) tal cual y otros los adaptó a su lengua, aunque viendo lo que hizo con Hogwarts puedo imaginármelo.

Ménard descompuso la palabra en hog (cerdo) y warts (verrugas) y las tradujo. Como no le gustó demasiado el resultado, convirtió las verrugas en piojos y el cerdo en bacon. De ahí salió Poux-de-lard, que terminó siendo Poudlard. La misma operación la repitió con los nombres de las casas (quien quiera curiosear un poco puede pasarse por la Enciclopedia Harry Potter en francés, donde aclaran éstas y otras cuestiones).

¿Qué es preferible: dejar los nombres tal como vienen en el original o adaptarlos en la medida de lo posible a la lengua de destino? Según los casos. Si hablamos de Snape o de los nombres de las casas, que encierran en sí mismos significados adicionales, tal vez sea mejor traducirlos. Pero en el caso de Hogwarts, palabra escogida por Rowling por su mera sonoridad (en realidad es una planta), no sé si tiene mucho sentido traducirlo como “los piojos del bacon”.

Lo único que tengo claro es que el que tradujo el texto de Lonely Planet (que es la fuente original) para publicarlo en El País no terminó de hacer su trabajo.

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