Adiós a Leonard Nimoy

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Foto: Devon Christopher Adams

(El homenaje en Libros de Babel, escrito por El Gris)

Hoy es un día aciago, como todos esos días en los que sufrimos el golpe de la repentina partida de un amor, de alguien de la familia, de un amigo. Hoy nos ha dejado Leonard Nimoy, el actor, el fotógrafo, el escritor, el poeta, el artista. Queremos pensar que en este último viaje estará rodeado de estrellas o en esos mundos imposibles y fascinantes a los que nos llevó de la mano para enseñarnos, de forma lógica, que el Universo, aunque hostil, siempre nos abraza como sus hijos. Hoy se ha apagado una luz que tuvo una vida larga y próspera, que iluminó e inspiró las vidas de varias generaciones y que nos hizo soñar que con atrevimiento podíamos viajar a donde no había ido ningún hombre. Se nos ha ido el Señor Spock, que es y siempre será un amigo.

Hoy es un día aciago.

Buen viaje, señor Spock

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Buen viaje, señor Spock

Leonard Nimoy

Leonard Nimoy ha fallecido este viernes en Los Ángeles a los 83 años víctima de una enfermedad pulmonar, según ha dado a conocer su mujer, Susan Bay Nimoy. El intérprete, nacido en Boston en 1931, será recordado por su interpretación del lógico señor Spock en la serie Star Trek. Precisamente sus últimas apariciones en la pantalla tuvieron que ver con el papel que le dio la fama, en las dos entregas con las que el director J. J. Abrams relanzó la franquicia.

Tras conocerse la noticia, las condolencias de compañeros de profesión y seguidores inundaron las redes sociales. Especialmente emotivo fue el mensaje de William Shatner, el capitán Kirk de Star Trek, que dijo en su cuenta de Twitter que le “quería como a un hermano. Todos echaremos de menos su humor, su talento y su capacidad de amar”. También la NASA se sumó a la despedida, recordando que Star Trek inspiró a muchos de quienes trabajan en la agencia.

Hijo de inmigrantes judíos ucranianos, Nimoy encarnó al medio humano-medio vulcaniano Spock en las tres temporadas que la serie de ciencia ficción estuvo en antena (1966-1969), así como en las seis películas protagonizadas por la tripulación original del Enterprise, de las que además dirigió dos de ellas, la tercera (En busca de Spock) y la cuarta (Misión: Salvar la Tierra). Abrams le llamó en 2009 para que volviera a ponerse las orejas del vulcaniano y diese la réplica a su versión más joven, encarnada por Zachary Quinto. Lo haría una vez más, en 2012, en la secuela Star Trek: En la oscuridad. Con Abrams también trabajó en la serie Fringe, en la que apareció en 11 episodios con un personaje recurrente, el del científico William Bell, que servía de antagonista al trío protagonista de la serie.

William Bell A lo largo de su más de medio siglo de carrera, Nimoy también intervino en otras series, como Misión Imposible, Bonanza, Colombo, Perry Mason… y puso la voz en otras como Futurama o, recientemente, The Big Bang Theory. Como director, firmó, además de las dos entregas cinematográficas de Star Trek, varios episodios de televisión y cintas muy alejadas de la serie que le dio la fama, como Tres hombres y un bebé. Además de fotógrafo, poeta, guionista, narrador (escribió dos volúmenes de memorias, No soy Spock, en 1975, y, 20 años más tarde, Yo soy Spock) y hasta cantante (su Balada de Bilbo Bolsón es muy popular en internet), Nimoy era muy activo en redes sociales. Su último tuit, publicado el 23 de febrero, fue casi una despedida anticipada: “Una vida es como un jardín. Los momentos perfectos se pueden tener pero no preservar, excepto en la memoria”. Firmó el mensaje, como era habitual en él, con un LLAP, Live Long and Prosper, el saludo del señor Spock.

‘Star Wars Identities’

Star Wars Identities

Star Wars IdentitiesLa Star Wars Celebration Europe nos sirvió de excusa para nuestro primer viaje a Londres, allá por 2007, coincidiendo con el 30º aniversario del estreno de Star Wars, y la exposición Star Wars Identities hizo lo propio con París hace unos meses, aunque poco tiene que ver una exhibición de vestuario, maquetas y artilugios variados empleados en la saga con una multitudinaria convención de fans galácticos por la que se dejaron caer, entre otros, Mark Hamill y Rick McCallum (con el que estuvimos charlando brevemente y hasta nos hicimos una foto).

Pese a ello, y a que buena parte de las piezas ya las hemos podido ver en otras ocasiones (*), por ejemplo en la Star Wars Exhibition que pasó hace unos años por Madrid, esta exposición bien merece una visita, aunque por ahora no hay prevista escala en ninguna ciudad española.

Star Wars Identities

La maqueta del Halcón Milenario empleada en El Imperio contraataca y muchas otras de las naves que aparecen en la trilogía original, figuras de Jabba, el vestuario de personajes como Han Solo (también versión carbonita), Leia (sí, también el bikini), Luke, Chewbacca, Yoda, R2D2, C3PO y Darth Vader (incluida su máscara) y diseños de personajes, escenarios y vestuario son algunas de las 200 piezas que pueden contemplarse en esta muestra, cuyo leit motiv es la construcción de la identidad de los personajes de la saga.

Star Wars Identities

Star Wars IdentitiesCon unas pulseras con sensores que prestan al inicio, los visitantes van recorriendo las diferentes secciones, en las que elegirán razas, planetas de nacimiento, educación, familia, primeras experiencias laborales y decisiones vitales para ir construyendo esa identidad hasta que, al final, se encuentren ante el Emperador, que les planteará la misma pregunta a la que en su día se enfrentó Anakin Skywalker (ya sabemos con qué resultado). La respuesta que demos a Palpatine también se añade al currículum del visitante, al que al final se le mostrará (y enviará por mail) un resumen de ese personaje que ha creado. Sin ser una experiencia memorable, al menos ofrece una propuesta diferente a la clásica exposición de atrezzo, maquetas y disfraces.

Star Wars Identities

La gran pega de la muestra es la iluminación. El recorrido está muy oscuro (se van iluminando sectores conforme avanza el trasiego de visitantes) y tampoco se ve demasiado bien en ocasiones lo que hay en las vitrinas. Porque sí, la mayor parte de las piezas están en vitrinas, sobre las que se reflejan inmisericordes todas las lucecitas de las salas. La inapropiada iluminación es sólo una de mis excusas para no haber logrado un mejor reflejo fotográfico de la muestra. La otra es mi escasa pericia. En cualquier caso, aquí está el álbum completo, para quien le quiera echar un vistazo.

Star Wars Identities

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(*) Puede sonar arrogante, pero hemos estado hasta en la mismísima Lucasfilm (cuando todavía era Lucasfilm y no un apéndice de Disney), así que hace falta algo más que una exposición de maquetas para sorprendernos.

‘Begin Again’

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–Let’s say an album costs ten dollars a unit. The artist gets a dollar. Same in publishing… it’s a buck for a book.

–I think I’m just thinking for this specifically… to get my head around it… Um, I mean, the album, it doesn’t have any overhead, because… we did it. And then distribution, I mean, it’s not gonna go in stores, it’s gonna go online, and publicity would be, what, word of mouth? So I think what I’m wondering is… why do you get nine out of ten of my dollars?

Aunque el diálogo de arriba pertenece a Begin Again, no es una película sobre una artista independiente y su lucha contra las discográficas por abrirse un hueco en el mundo de la música. Tampoco es, por cierto, una historia sobre la música, o sobre el poder de la música, o sobre su efecto en las personas y sus vidas, pese a que todo ello esté también en esta película de John Carney.

Begin Again es, más bien, una historia sobre personas que están perdidas y que en su búsqueda (por encontrarse a sí mismas, por superar una ruptura, por recomponer vidas hechas pedazos, por sobrevivir) se cruzan con otras personas, también perdidas, con las que tienen algo en común: la música. Podría haber sido la pesca de chipirones o el dominó, pero es la música.

La música, junto a la siempre fascinante, apabullante y arrebatadora Nueva York, sirve de marco a la historia de Dan (Mark Ruffalo), un productor musical en horas bajas con ex mujer e hija adolescente (a la que no entiende) y que además coquetea con el alcoholismo, y Greta (Keira Knightley), una joven cantautora con ex novio también músico absorbido por la fama (y otras cosas) que, derrotada (por el amor, la música, Nueva York y la vida en general), sólo desea volver a casa y olvidar.

Así contado, suena tópico y hasta cursi, ¿verdad? Pues Carney (cuya Once aún no he visto) se las apaña para componer un filme hermoso (que no cursi), a ratos divertido y a ratos emotivo, honesto y humano. Y aunque el final de la trama musical no sea sorprendente, sí lo es el de los personajes cuyas historias se entrelazan mientras graban un disco por las calles de Nueva York. No es una película perfecta, ni una obra maestra, pero tampoco es la típica-tópica comedia romántica musical que podría sugerir su campaña publicitaria. Es mucho mejor que eso.

PD: Uno de los eslóganes con los que se anunció esta película decía algo así como “¿Puede una canción salvar una vida?”. No sé si esta canción puede o no salvar a nadie, pero a mí me gusta. En la banda sonora hay otras dos versiones, una más de Adam Levine y otra de Keira Knightley, que interpreta (muy bien, por cierto) otros temas en la película.

Hogwarts es Poudlard y otros cambios de Harry Potter en Francia

Alnwick Castle

Foto: Andrew Cheal Photography

La imagen de arriba corresponde al Castillo de Alnwick, en Northumberland (Reino Unido), que sirvió de inspiración para recrear la Escuela Hogwarts en la adaptación al cine de la serie de Harry Potter. También ha servido de gancho a El País para publicitar en la portada de su web un reportaje titulado Castillos de cine en el que se habla de Versalles o la abadía de El nombre de la rosa, entre otros lugares que sirvieron como set de rodaje o de material para recrear los escenarios de varias películas. Uno de esos sitios es el Castillo de Alnwick, y de él y de Harry Potter habla este reportaje (a saber por qué empieza con la segunda película, como si el personaje o la propia escuela no hubiesen estado ya en la primera), en el que se puede leer esto:

Obligado a pasar sus vacaciones en casa de sus tíos, Harry recibe la visita de un elfo que lo pone en guardia contra un peligro que amenaza el internado de Poudlard…

Un momento. ¿Poudlard? Será un error. Lo paso por alto y sigo adelante. En el siguiente párrafo, esto:

Poudlard es un castillo invisible para los moldus, los no magos…

¿Otro Poudlard? (quedan dos más, incluido un Poudlard Express) ¿Y ese moldus?

Ahí es donde paré para buscar qué demonios era eso de Poudlard, porque estaba claro que era un error, ¿no?

poudlardPues no. Así es como se llama Hogwarts en la edición francesa de los libros de Harry Potter. No es el único cambio. Las casas se llaman en francés Gryffondor, Poufsouffle, Serdaigle y Serpentard (en lugar de Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin) y hasta a Severus Snape le han cambiado el nombre por Severus Rogue.

Buceando un poco, parece que todas ellas (e imagino que alguna más, aparte de cambiar muggles por moldus) fueron decisiones de Jean-François Ménard, traductor al francés de las obras de J. K. Rowling. Siempre es complicado determinar qué se traduce y qué no, sobre todo si hablamos de obras con una terminología tan singular como el universo de Harry Potter, pero no sé por qué Ménard dejó muchos nombres (tanto de lugares como de personajes) tal cual y otros los adaptó a su lengua, aunque viendo lo que hizo con Hogwarts puedo imaginármelo.

Ménard descompuso la palabra en hog (cerdo) y warts (verrugas) y las tradujo. Como no le gustó demasiado el resultado, convirtió las verrugas en piojos y el cerdo en bacon. De ahí salió Poux-de-lard, que terminó siendo Poudlard. La misma operación la repitió con los nombres de las casas (quien quiera curiosear un poco puede pasarse por la Enciclopedia Harry Potter en francés, donde aclaran éstas y otras cuestiones).

¿Qué es preferible: dejar los nombres tal como vienen en el original o adaptarlos en la medida de lo posible a la lengua de destino? Según los casos. Si hablamos de Snape o de los nombres de las casas, que encierran en sí mismos significados adicionales, tal vez sea mejor traducirlos. Pero en el caso de Hogwarts, palabra escogida por Rowling por su mera sonoridad (en realidad es una planta), no sé si tiene mucho sentido traducirlo como “los piojos del bacon”.

Lo único que tengo claro es que el que tradujo el texto de Lonely Planet (que es la fuente original) para publicarlo en El País no terminó de hacer su trabajo.