Líderes

Lo estuve buscando mucho tiempo sin éxito y al final lo conseguí gracias a la colección de novelas históricas que sacó hace unos años El País. No conocí La agonía y el éxtasis, la biografía novelada de Miguel Ángel que escribió Irving Stone, hasta que vi la película casi homónima (en español la agonía dio paso al tormento), El tormento y el éxtasis, centrada en la rivalidad entre el artista florentino y el papa Julio II con la Capilla Sixtina y la tumba del pontífice (con el Moisés) como telón de fondo. El siempre fabuloso Charlton Heston era Miguel Ángel y el no menos fabuloso Rex Harrison el pontífice. No vi la película hasta hace unos años, recomendada, como tantas otras cosas (todas buenas), por mi marido, y me gustó tanto que quise hacerme con el libro, que unas semanas atrás me decidí al fin a coger.

La biografía/novela es un poco pesada (aún no la he terminado; voy más o menos por la mitad). No comienza con la lucha entre Miguel Ángel y Julio II (no he llegado todavía a eso), sino cuando el artista tenía unos 13 años y daba sus primeros pasos en las artes, primero en la pintura y más tarde en la escultura. Pero la historia, al menos como está contada, no tiene garra alguna. El autor se deleita en descripciones y técnicas y lo que le pasa a Miguel Ángel está contado de manera casi tangencial. A mí me gustan las historias, y que se pase páginas y páginas describiendo la decoración de un salón, las cualidades de un bloque de mármol, los edificios y plazas por los que pasea el artista (aunque sean los de Florencia) o que mencione ristras de personajes de la época de los que en las páginas posteriores no se vuelve a saber nada me aburre, sinceramente. Como digo, no sé si la cosa se animará después (hasta ahora sólo ha esculpido la Piedad y anoche lo dejé inmerso en el David), pero por ahora los pasajes más interesantes son los que narran lo que pasaba en aquel tiempo en Roma, sometida por aquel entonces a los desmanes de los Borgia, y, sobre todo, en Florencia.

La historia de La agonía y el éxtasis comienza con Lorenzo de Medici, El Magnífico, rigiendo los destinos de la ciudad toscana, en aquel tiempo la capital mundial de las artes y el humanismo, con su taller de escultura, su Academia Platónica (reedición de la de Atenas) y su abundante colección de obras de arte, unas antiguas y otras creadas por los artistas a los que apadrinaba. Todo eso cambió con la irrupción en escena de Savonarola, un incendiario fraile que buscaba desde su púlpito arrojar a los Medici de Florencia y desterrar todo lo terrenal, como los lujos o las expresiones artísticas inmorales.

Fueron muchos los que se rindieron a la radical retórica de Savonarola, pero Lorenzo consiguió mantenerlos a raya, al menos hasta que un ataque de gota acabó con él y dejó su herencia, la de los Medici y el esplendor de Florencia en manos de su hijo Piero, crápula, déspota e irrespetuoso tanto con su legado como con la propia ciudad. Allí donde Lorenzo había triunfado, logrando la paz social, gobernando sin gobernar (la política quedaba en manos de otros pero era Lorenzo el que la hacía funcionar y el que renovaba y cuidaba las alianzas con sus vecinos) y enriqueciendo el patrimonio arquitectónico y artístico florentino, Piero fracasó estrepitosamente, tanto que él y su familia fueron desterrados de Florencia y los suntuosos palacios de los Medici saqueados y la mayor parte de sus valiosas obras de arte destruidas por la masa enfervorecida que, ya sin El Magnífico, se entregó a las soflamas de Savonarola.

El monje acabaría cayendo, quemado en una pira en la Signoria, pero Piero nunca lograría recuperar Florencia ni restaurar el prestigio de su familia, sencillamente porque no era como su padre. Aunque hay muchos que no tienen más remedio que asumir un liderazgo que nunca quisieron, los grandes líderes, como Lorenzo, han nacido para serlo, para guiar e iluminar a aquellos que les siguen. Pero hay otros que, como Piero, simplemente quieren poder, sin importarles si saben o no qué hacer con él, sólo por el mero placer de decirles a los demás lo que tienen que hacer.

Anuncios

Un comentario sobre “Líderes

  1. A falta de verdaderos guías solemos agarrarnos a todo aquello que nos da cierta tranquilidad a la hora de decidir quién nos sirve de faro. Solemos fallar en nuestars elecciones, bien por nuestra falta de visión, bien porque los elegidos se corrompen o no valen lo que se les presuponía. Lamentablemente, al principio y al final, los perjudicados son siempre los que no merecen castigo, pero siempre lo sufren. Ya no se hacen líderes como los de antes (ni películas). Y cito:
    “El mundo está hoy en una crisis de cuyo alcance aún no se han dado cuenta quienes poseen el poder sobre las decisiones de gran transcendencia acerca del bien y del mal. La energía atómica desencadenada lo ha cambiado todo menos nuestro modo de pensar, así que nos vemos arrastrados , impotentes, hacia una nueva catástrofe.” Albert Einstein.

    Pudiera parecer que no tiene que ver con nada, pero tiene que ver con mucho. Y si lo extrapolamos a ambientes cercanos puede dar explicación a muchas cosas.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s