¿Dónde están los bastardos?

[Como siempre, esto no es más que una opinión con la que uno puede o no estar de acuerdo. A nosotros no nos gustó nada ‘Malditos bastardos’, pero a Kalimero sí, a Lord Zoltan también pero con matices e IP Anónima, de ‘Tierra de Cinéfagos’, coincide bastante con nuestra percepción. Va a haber ‘espoilers’, así que cuidado]

Inglourious BasterdsAl difunto David Foster Wallace sus críticos más acérrimos le recriminaban que nunca sería capaz de escribir una novela. Que era bueno con los relatos cortos (o lo que él entendía como cortos), con las reseñas literarias y con artículos de todo tipo y condición, pero que no era capaz de construir una narración larga. A Quentin Tarantino le pasa un poco eso. [Pulp Fiction, que sigue siendo, tantos años después, un prodigio y tal vez el mejor ejemplo de lo que es una película de Tarantino, muestra su talento para engarzar distintas historias, de relevancia similar y sin que rechine ninguno de esos fragmentos, pero no es más que un libro de relatos].

Foster Wallace respondió a los críticos con una colosal novela de más de mil páginas (con letras chiquitas y márgenes bien aprovechados) que tituló, con algo de sorna, La broma infinita. Tarantino hizo lo propio con Kill Bill, en la que aunque seguía habiendo muchas pequeñas historias, todas confluían en el que claramente era el relato principal: la venganza de la Novia.

Inglourious Basterds (Shosanna)Desde el título a la promoción (tanto los tráilers y carteles como entrevistas al director y a sus actores), todo apuntaba a que Malditos bastardos narraba la historia de un comando de soldados judíos cuya única misión es matar, de la forma más salvaje posible, a todo nazi que se cruce en su camino. Pero la realidad es bien distinta. Los bastardos apenas salen en unas cuantas secuencias porque la historia que le importa a Tarantino (o esa impresión da cuando uno ve la versión estrenada en cines) es la de la chica judía que escapa para después vengarse (sí, otra venganza de una chica, también rubia).

Inglourious Basterds (Raine)Que la película se haya vendido como algo que no es puede deberse a un intento deliberado de sorprender al público o simplemente fruto de los distintos remontajes que el director ha llevado a cabo desde su primer pase en el Festival de Cannes, quién sabe. Puede que en la versión inicial la historia de los bastardos y la de la chica estuviesen más compensadas. O puede que no. El caso es que echamos en falta saber más del escuadrón que comanda Brad Pitt.

Otro de los problemas es que casi todas las secuencias duran más de lo necesario, en un intento de crear tensión que lo único que consiguió fue aburrirnos y, en mi caso, desear que fuesen terminando para que la historia avanzase. Tampoco funcionan aquí la división en capítulos y el uso de música tipo espagueti-western que tan buen resultado le dieron en Kill Bill. La música no encaja para nada (no por las melodías, sino por su uso) y los capítulos parecen más una forma de camuflar sus problemas para enlazar distintas secuencias e historias que un recurso necesario.

Inglourious Basterds (Landa)
La película en general nos dio una impresión de un quiero y no puedo. Están todos los mimbres para hacer un filme colosal, pero la cosa hace aguas por todas partes porque sistemáticamente desaprovecha las bazas con las que cuenta (salvo a Hans Landa -Christoph Waltz-, ese sí está bien aprovechado), como presentar a personajes (el crítico de cine inglés metido a espía, el austríaco azote de nazis o el Golem judío) que mueren a las primeras de cambio o simplemente desaparecen sin aportar mucho más que una buena presentación.

No sabemos si los Weinstein han metido mano, si necesita un montador que ajuste la duración de las secuencias y ordene la historia (en Pulp Fiction funcionaba; aquí es sólo caos) o si simplemente Tarantino no tenía muy claro qué película quería hacer y qué historia quería contar.