“O Captain! My Captain!”

Dead Poets Society

In my class, you will learn to think for yourselves again. You will learn to savor words and languages. No matter what anybody tells you, words and ideas can change the world. I see that look in Mr Pitts’ eyes like ’19th century literature has nothing to do with going to business school or medical school’, right? Maybe. You may agree and think ‘yes, we should study our Mr. Pritcher and learn our rhyme and meter and go quietly about the business of achieving other ambitions’. Well, I have a secret for you. Huddle Up… Huddle UP! We don’t read and write poetry because it’s cute. We read and write poetry because we are members of the human race. And the human race is filled with passion. And medicine, law, business, engineering, these are noble pursuits and necessary to sustain life. But poetry, beauty, romance, love, these are what we stay alive for. To quote from Whitman, “O me! O life!… of the question of these recurring, of the endless trains of the faithless… of cities filled with the foolish. What good amid these, O me, O life? Answer. That you are here, that life exists, and identity; that the powerful play goes on, and you may contribute a verse”. That the powerful play goes on and you may contribute a verse. What will your verse be?

Dead Poets Society (El club de los poetas muertos)

Descansa en paz, Robin Williams. Gracias por todo, por las risas y también por las lágrimas.

El día de la poesía (Shakespearean edition)

Ya dije que no descartaba seguir dando la brasa con versos, así que allá va otra tanda, esta vez de William Shakespeare, del que es fácil recomendar cualquiera de sus obras y muy difícil decir algo nuevo sobre ellas.

En realidad recomendar algo de Shakespeare no es tan fácil. ¿Un soneto? ¿Una tragedia? ¿Una comedia? ¿Una historia? Cualquiera de los anteriores valdría, y aunque sus obras de teatro no son propiamente poesías, supongo que me perdonaréis la licencia si apuesto por pasajes versificados, ¿no?

Como decía, es difícil seleccionar, así que apunto dos pasajes que he conocido en estos últimos meses, uno de Macbeth y otro de As You Like It (Como gustéis). El primero corresponde a la escena quinta del quinto acto de la tragedia. El protagonista acaba de conocer la muerte de su esposa, Lady Macbeth (no, no he avisado del espoiler, pero en las tragedias de Shakespeare muere gente a puñados, así que la alerta de espoiler tal vez deba ser sobre quién sobrevive). No sólo llora su pérdida (el célebre “Tomorrow, and tomorrow, and tomorrow”) sino que de paso reflexiona sobre la fugacidad y futilidad de la vida, una “breve llama”, “un paseo entre las sombras”, “una historia contada por un idiota llena de sonidos y furia que no significan nada”:

She should have died hereafter;
There would have been a time for such a word.
Tomorrow, and tomorrow, and tomorrow,
Creeps in this petty pace from day to day,
To the last syllable of recorded time;
And all our yesterdays have lighted fools
The way to dusty death. Out, out, brief candle!
Life’s but a walking shadow, a poor player
That struts and frets his hour upon the stage
And then is heard no more. It is a tale
Told by an idiot, full of sound and fury
Signifying nothing.

El fragmento de As You Like It, aun tratándose de una comedia, no es mucho más alegre. Tampoco lo es Jaques, el personaje que declama este monólogo en la séptima escena del segundo acto. Comienza con el conocido “el mundo entero es un escenario”, una idea que, como otras muchas en Shakespeare, no es original suya, aunque, también como otras muchas, la conocemos gracias a él, a la forma que él les dio, sus palabras, sus versos, sus rimas y su capacidad para ensamblar ideas, personajes, historias y anécdotas de una forma nunca lograda hasta entonces y nunca igualada después. Además del mundo como escenario, con hombres y mujeres paseándose por él interpretando cada uno su papel, en este monólogo están también las conocidas como siete edades del hombre, desde la cuna a la tumba (o casi, “sin dientes, sin ojos, sin gusto, sin nada”). Es un poco largo, así que aquí hay una traducción al español:

All the world’s a stage,
And all the men and women merely players:
They have their exits and their entrances;
And one man in his time plays many parts,
His acts being seven ages. At first, the infant,
Mewling and puking in the nurse’s arms.
And then the whining school-boy, with his satchel
And shining morning face, creeping like snail
Unwillingly to school. And then the lover,
Sighing like furnace, with a woeful ballad
Made to his mistress’ eyebrow. Then a soldier,
Full of strange oaths and bearded like the pard,
Jealous in honour, sudden and quick in quarrel,
Seeking the bubble reputation
Even in the cannon’s mouth. And then the justice,
In fair round belly with good capon lined,
With eyes severe and beard of formal cut,
Full of wise saws and modern instances;
And so he plays his part. The sixth age shifts
Into the lean and slipper’d pantaloon,
With spectacles on nose and pouch on side,
His youthful hose, well saved, a world too wide
For his shrunk shank; and his big manly voice,
Turning again toward childish treble, pipes
And whistles in his sound. Last scene of all,
That ends this strange eventful history,
Is second childishness and mere oblivion,
Sans teeth, sans eyes, sans taste, sans everything.

Difícil de superar, en mi opinión. Bueno, se puede mejorar un poco (o mucho) si se escucha cómo lo lee Benedict Cumberbatch. Para aquellos no familiarizados con el trabajo del señor Cumberbatch, diremos que es un gran actor con una voz maravillosa que sabe muy bien cómo usarla. Antes de ponerse el abrigo de Sherlock Holmes, abrasar a enanos y complicarle la vida a la tripulación del Enterprise ya tenía una amplia trayectoria como lector de audiolibros y actor en obras teatrales y radiofónicas. Esta versión del monólogo está algo mutilada y además pertenece a un anuncio de Google+, pero no me lo tengáis en cuenta. Simplemente escuchad su voz. Mejor con auriculares, claro…

El día de la Poesía

Muchas veces he dicho, de broma, que no me gusta la poesía. Pero eso no es cierto. La que no me gusta es la mala poesía. La buena, la que me hace sentir algo, la que me dice algo, la que me llega y se queda conmigo, siempre me ha gustado. No soy muy partidaria de celebrar cosas, ni propias ni ajenas, pero me ha dado por ahí hoy, Día Mundial de la Poesía, y me apetece compartir uno de mis poemas favoritos. De La voz a ti debida, de Pedro Salinas, se puede recomendar casi cualquiera de sus poemas, pero mi preferido es éste. Lo he copiado de una web, pero podría haberlo escrito de memoria.

No quiero que te vayas,
dolor, última forma
de amar. Me estoy sintiendo
vivir cuando me dueles
no en ti, ni aquí, más lejos:
en la tierra, en el año
de donde vienes tú,
en el amor con ella
y todo lo que fue.
En esa realidad
hundida que se niega
a sí misma y se empeña
en que nunca ha existido,
que sólo fue un pretexto
mío para vivir.
Si tú no me quedaras,
dolor, irrefutable,
yo me lo creería;
pero me quedas tú.
Tu verdad me asegura
que nada fue mentira.
Y mientras yo te sienta,
tú me serás, dolor,
la prueba de otra vida
en que no me dolías.
La gran prueba, a lo lejos,
de que existió, que existe,
de que me quiso, sí,
de que aún la estoy queriendo.

A lo mejor sigo luego con las confesiones poéticas. Se me ocurren unos cuantos versos más que podría recomendar…

Poesía clásica latina: Catulo

Acercaos, endecasílabos, todos cuantos hay por todas partes, todos cuantos hay. Una desvergonzada adúltera me toma a broma y dice que no me devolverá nuestros escritos, creyéndose que podéis aguantarlo. Vamos a perseguirla y a pedírselos con insistencia.

¿Preguntáis quién es? La que veis andar indecentemente, la que, como una actriz de mimos, con desfachatez, se ríe, con una boca de cachorro galo. Rodeadla y pedidle con insistencia: “Puta asquerosa, devuélveme los escritos. Devuélveme los escritos, puta asquerosa”. ¿Que te importa un bledo? ¡Ay, fango, lupanar, o algo más corrompido si puede haberlo! Pero no hay que confiar en que esto baste. Si no puede ser de otra manera, saquémosle los colores en su férrea cara de perro. Gritad a coro otra vez con voz más alta: “Puta asquerosa, devuélveme los escritos.
Devuélveme los escritos, puta asquerosa”.

Pero no hacemos ni un progreso, sigue como si tal cosa. Tenemos que cambiar el método y la forma, a ver si conseguimos algo: “Virtuosa y honrada, devuélveme los escritos”.

Hermoso, ¿verdad? El sobrecogedor texto que acabáis de leer es obra de Gayo Valerio Catulo, un poeta latino del siglo I a. C. al que le gustaba llamar a las cosas por su nombre y decir todo lo que se le pasaba por la cabeza. Catulo es uno de los autores incluidos en el programa de una de las asignaturas que estudio este cuatrimestre, Literatura Clásica (toda la griega y toda la latina, toda, en un solo cuatrimestre, para que luego digan que en la UNED no se estudia), y al llegar al poema de arriba no pude por menos que detenerme a admirar el genio (en más de un sentido) del veronés, que reaccionaba así a la infidelidad de su amada, reacia a devolverle al poeta los textos que le escribió.

Como hago siempre que algo me interesa, investigué un poco sobre Catulo y di con otros poemas que no incluye la Antología con la que estoy estudiando. El que sigue es igual de contundente que el anterior, pero en esta ocasión no está dirigido a una amante infiel, sino a dos individuos, Aurelio y Furio (amigos, leo por ahí, pero no sé yo si ese dato será correcto a tenor de las líneas que les dedica), que le reprendieron por el descaro de sus obras. El texto, una oda a la libertad artística y de expresión, podría servirnos a más de uno para despachar a enemigos, rivales o simplemente tontos con que nos crucemos. Y si nos acusan de insultarles, siempre podemos responder que estamos homenajeando a los clásicos:

Os daré por el culo y me la vais a chupar,
Aurelio comevergas y Furio julandrón,
que, por mis versos, como son ligeros,
me habéis considerado un desvergonzado.
Es, de hecho, procedente
que el poeta honorable sea personalmente casto;
no es necesario que lo sean sus versos,
que, en definitiva, tienen sal y gracia
si son ligeros y desvergonzados
y pueden provocar las cosquillas,
no digo a los muchachos, sino a esos peludos
que no pueden mover sus duros lomos
¿Vosotros, porque habéis leído muchos miles de besos,
me consideráis poco hombre?
Os daré por el culo y me la vais a chupar.