Parrilla televisiva otoñal

Ya sé que casi todo el mundo que ve series ha puesto en sus blogs cuándo vuelven y cuáles van a ver, pero nadie ha contado qué vamos a ver nosotros esta temporada televisiva (para nosotros arranca esta noche, o más bien mañana por la mañana cuando empecemos a descargar), así que de eso nos vamos a ocupar hoy, por si a alguien le interesa conocer el menú televisivo de este humilde hogar y, de paso, para tener a mano un calendario que este año sin duda vamos a necesitar, aunque la Guía de supervivencia en época de estrenos publicada por Alex en Basura and TV ha sido de mucha ayuda.

A continuación, una lista de las series que queremos seguir este año a ritmo USA ordenadas por su fecha de estreno o regreso (lamentablemente, Lost no vuelve hasta enero, así que queda fuera de esta primera recopilación). Puede que haya espoilers, así que cuidado:

–Jueves 17 de septiembre (esta noche)
‘Bones’ (inicio de la quinta temporada)
Como muy bien definió Felipe en Serieína, Bones es un procedimental de personajes, en el que los casos, si bien siguen siendo importantes, son casi una excusa para hablarnos de sus protagonistas. Con los años se ha convertido para mí en una serie imprescindible. Además, la temporada anterior tuvo un desenlace algo desconcertante y, por si fuera poco, hacen promos tan geniales como ésta:

‘Fringe’ (inicio de la segunda temporada)
Ésta tuvo un final no sólo desconcertante, sino también fabuloso. Nos enganchó desde el principio y queremos saber qué pasa con esa realidad alternativa, con Belly (Leonard Nimoy) y con Walter Bishop (John Noble), el científico loco ladrón de críos de otros mundos. Además, como dice Alex, hay LSD y una vaca. ¿Quién da más?

–Lunes 21 de septiembre
‘House’ (inicio de la sexta temporada)

Mi relación con esta serie siempre ha sido relajada, pero el final de la temporada anterior me dejó hecha polvo, con House más arruinado que nunca y además metido en un psiquiátrico. Quiero saber qué pasa, pero esta vez no creo que espere a verla doblada (los abundantes y técnicos diálogos me marean un poco en la versión original).

‘Castle’ (inicio de la segunda temporada)
Nathan Fillion encarnando a un escritor (de best-sellers policiacos) crápula, descarado y encantador que colabora con la policía. Eso sería suficiente para verla, porque en esta casa adoramos al señor Fillion, pero al margen de eso, la serie es muy entretenida y nos reímos mucho con ella, aunque no sea una comedia.
 
‘How I Met Your Mother’ (inicio de la quinta temporada)
Ted es un coñazo y hace tiempo que dejó de interesarnos quién es la madre de sus hijos. Pero están Barney y Robin, y Marshall y Lily, y sí nos importa lo que les pase a ellos, así que sigue en nuestra lista.

‘The Big Bang Theory’ (inicio de la tercera temporada)
Dejando a un lado las adicciones isleñas, es a ellos a los que más hemos echado de menos este verano. Queremos que vuelvan ya del Polo Norte, con las barbas y los pelos que les hemos visto en las promos y en la Comic-Con (salvo Jim Parsons, que parece que ha tenido que recurrir a los postizos porque su cara no estaba por la labor).

–Jueves 24 de septiembre
‘Flash Forward’ (estreno)

 Tiene muy buena pinta, así que habrá que probarla. 

‘Grey’s Anatomy’ (inicio de la sexta temporada) y ‘CSI’ (inicio de la décima temporada)
Como ya comenté, veré cómo arrancan y ya decidiré entonces si sigo viéndolas o no.

–Viernes 25 de septiembre
‘Dollhouse’ (inicio de la segunda temporada)

Curiosamente el mejor episodio fue uno que no se emitió inicialmente y que la Fox recuperó al comprobar lo bien que había funcionado en internet, pero a pesar de eso la primera temporada de lo último de Joss Whedon nos gustó, y seguiremos con ella.

–Domingo 27 de septiembre
‘Dexter’ (inicio de la cuarta temporada) y ‘Californication’ (inicio de la tercera)

La primera suelo reservarla para el verano, cuando acaban las demás y puedo zampármela casi del tirón. La segunda la guardaremos por si un día nos animamos y decidimos recuperarla.

–Jueves 15 de octubre
’30 Rock’ (inicio de la cuarta temporada)

No terminó con cliffhanger ni hay ninguna historia a medias cuya evolución nos interese, pero Jack Donaghy y Liz Lemon (y sus locuras) son enormes.  

–Martes 3 de noviembre
‘V’ (estreno)
Junto a Flash Forward es, por ahora, la otra única novedad de nuestra parrilla. A mí, de entrada, no me motiva mucho, pero a ver qué tal resulta.

(Lo que sigue es una nota privada para Contradictorio, mi proveedor de contenidos audiovisuales, para que no se me despiste)

Apéndice: calendario semanal de descargas 

–Martes: The Big Bang Theory, How I met your mother, House y Castle.

–Miércoles: A partir del 4 de noviembre, V.

–Viernes: Bones, Fringe, Flash Forward, Anatomía de Grey (hasta nuevo aviso), CSI (hasta nuevo aviso), 30 Rock (a partir del 15 de octubre).

–Sábado: Dollhouse.

Actualización: Alex apunta en los comentarios que Bones se emite en Canadá un día antes, es decir, los miércoles, así que puede conseguirse los jueves por la mañana.

Pereza

Hace unos días Petit et perdue me preguntaba, a colación de mi breve comentario sobre los Globos de Oro, si la pereza que me daba ver John Adams tenía algo que ver con su calidad. Evidentemente, le respondí que no, que los trocitos que había visto al azar tenían muy buena pinta pero que, simplemente, no me apetecía verla ahora, en primer lugar porque últimamente hay demasiada seriedad en mi vida real, tanta que cuando me siento frente a la tele sólo quiero evadirme y dejarla atrás, aunque sólo sea un ratito (esto no significa que desconecte las neuronas o, aún peor, que me ponga a ver series españolas).

En segundo lugar, he aparcado John Adams (y la segunda temporada de Damages y Californication, y la tercera de Dexter, y Mad men, y puede que alguna cosa más, como Los Tudor o Life) para reservarla para el verano, porque no tiene sentido pasar todo el año viendo compulsivamente series y después estar desde mayo a septiembre-octubre (o enero, según los casos) sin nada decente que echarse a la cara.

Pero la tercera y última razón es la definitiva: sigo demasiadas series.

Así, a bote pronto (bueno, en realidad no, porque acabo de consultarlo en el disco multimedia que tenemos enchufado a la tele), sigo a ritmo norteamericano 30 Rock (a esta me apunté hace sólo unos meses, pero me puse rápidamente al día), Anatomía de Grey (toda teleadicta necesita un culebrón, y este es el mío, por mucho que se esté poniendo últimamente un poco rarita, con la vuelta a escena -de modo fantasmagórico pero sexualmente activo- del tío al que yo llamo el guapito muerto), Bones (después de ver bastantes capítulos sueltos -y desordenados-, decidí que merecía la pena verla bien), CSI (tras años sometida a la dictadura de la cadena enemiga, que reserva cada nueva tanda de episodios para cuando le viene en gana, esta recomendación de Casciari me hizo querer ver cuanto antes la séptima temporada, la del asesino de las miniaturas, y la sigo a ritmo yanqui desde entonces; lo siguiente que veré será la marcha de Grissom, y no sé si seguiré viéndola después), Californication (aunque esta la dejaré, como ya he dicho, para el verano o para alguna noche de insomnio), Cómo conocí a vuestra madre (esta también empezamos a verla tarde, pero cogimos pronto el ritmo), Fringe, House (Fox, Cuatro, muchos episodios sueltos vistos con retraso y, desde la temporada pasada, a su ritmo de emisión) y Héroes (aún no hemos empezado a ver la tercera; las críticas no animan nada).

En esta lista no se incluyen series terminadas que hemos seguido religiosamente, como El ala oeste o Studio 60, ni las inglesas (los muy vagos sólo hacen temporadas de seis episodios, incompatibles con el concepto seguir) como The IT Crowd, Little Britain o No heroics (que tiene un gran punto de partida pero no esa chispa que tienen las dos anteriores), ni tampoco dos adicciones en toda regla: Battlestar Galactica (que comenzó el viernes pasado la emisión de sus diez últimos capítulos –¿quién será el quinto cylon?-, aunque aún no hemos podido ver el primero porque mi marido, que sí curra este fin de semana -a mí me toca descanso-, salió ayer del trabajo pasada la una de la mañana; a ver si esta noche hay algo más de suerte) y, por supuesto, Perdidos, que vuelve por fin este miércoles (por cierto, que en el Reino Unido los espoilers han salido a la calle) con su penúltima temporada, toneladas de preguntas y puede que alguna respuesta. O a lo mejor no.

A vueltas con los subtítulos

Hace calor, mucho por estos lares, y la combinación entre el letargo vacacional y el dulce sopor al que me arrastra el aire acondicionado hace inviable casi cualquier actividad, especialmente si implica vestirse, arreglarse y desplazarse adonde sea. En casa la actividad tampoco es mucho más frenética y estos días se van entre pequeños arreglos en el hogar, las tareas domésticas y el sofá, que alternativamente aprovecho como sala de lectura (para terminarme algunos libros que hacía demasiado tiempo que tenía empezados, como la tercera parte de Tu rostro mañana, de Javier Marías, o Lunar Park, de Bret Easton Ellis, y devorar otros, como las dos primeras entregas de las aventuras de Dexter, El oscuro pasajero y Querido Dexter, o Viajes por el scriptorium, de Paul Auster, que acabo de empezar pero que puede que no llegue con vida a mañana) y de proyecciones, aunque mi actividad televisiva no ha sido tan frenética como en otras ocasiones (apenas la segunda temporada de Dexter -esta vez la televisiva-, algo de Mad Men -magnífica, aunque esperaré a terminarla para juzgarla- y Battlestar Galactica, cuya cuarta temporada -al menos su primera mitad, para la otra habrá que esperar, como ocurre con Perdidos, hasta el año próximo- terminaremos esta noche).

Entre unas cosas y otras, apenas me he acercado al ordenador, así que me he pasado toda la mañana poniéndome al día. Curiosamente, uno de los temas de los que más se ha hablado últimamente es de una obviedad que salta a la vista, o más bien al oído, al primer minuto de ver Dexter en Cuatro (o en Fox, tanto da): que su doblaje es horrible.

La anécdota ha permitido a Joan Planas realizar un contundente alegato contra el doblaje (con material audiovisual incluido) y a Hernán Casciari una divertida promoción de su secta, los Hijos del Subtítulo de los Últimos Días, pero, aunque me sume sin reservas a los argumentos de ambos, que vienen a ser los mismos, las aberraciones que se cometen en los doblajes no son nada nuevo ni el único mal que padecen las series extranjeras (norteamericanas) cuando son emitidas en abierto en España: sistemática mutilación de los títulos de crédito (y de las cabeceras cuando ponen más de un episodio), cortes publicitarios en mitad de una frase (aunque este mal aparece de vez en cuando por los canales de pago; me pasó el otro día viendo Bones en Fox) y delirios de programación que incluyen cambios de día, de horario (siempre peores, siempre de madrugada; suelen preceder a una retirada antes de tiempo), ausencias repentinas de la parrilla (habría que darle un premio al que haya conseguido seguir Perdidos en TVE), yuxtaposición sin ton ni son de episodios (¿cuántas semanas le ha durado a Cuatro Californication?), no importa de qué temporada sean, emisión de capítulos nuevos (habitualmente de series recién estrenadas) a continuación de otros repetidos (de series ya asentadas), algo que pasó el lunes en Telecinco con Life y CSI (de la que no sé si han terminado de emitir la séptima temporada o directamente han optado por cortar en verano la tanda de novedades) y otras muchas salvajadas que han convertido en una proeza hercúlea ver una serie de televisión (extranjera, claro, porque con las españolas no pasa nada de esto) en un canal en abierto.

Ya sé que están los canales de pago, y sobre todo internet, con la posibilidad de ver cualquier cosa unos minutos después de su emisión, con sus subtítulos y todo (los subtítulos de Digital Plus, por cierto, son una basura), pero hay muchos, muchos espectadores que no tienen acceso a todo eso, y a los que las cadenas desprecian sistemáticamente, y eso es contra lo que hay que luchar, para que los que quieran ver las series o películas en abierto no tengan que tragarse eternos cortes de publicidad, ni ver tropecientos episodios seguidos de su serie favorita hasta las tantas de la mañana, ni conformarse con repeticiones porque su cadena amiga ha decidido que en verano nadie ve la tele y que es mejor guardar para otoño sus episodios nuevos, ni escuchar inadecuados y estúpidos doblajes.

Nos rasgamos las vestiduras cada vez que vemos casos como los de Dexter o Californication, pero se nos olvida que aquí, por desgracia, siempre hemos visto las cosas dobladas. Hemos crecido con eso, nos hemos acostumbrado a eso, y hay mucha gente que no quiere leer mientras ve la televisión, a la que le gusta tener la tele puesta casi como un ruido de fondo, mientras cena, recoge los platos o hace cualquier otra cosa que sin embargo le permite seguir más o menos la historia, algo impensable si todo se emitiese en versión original (en casa de mis padres, que ha sido la mía durante casi toda mi vida, es más que habitual la emisión simultánea de cualquier cosa con el habitual ajetreo del hogar, y me consta que no es el único sitio en el que ocurre).

No sólo debemos aspirar a sumar adeptos a la secta de los subtítulos, sino también pedir a las cadenas que emiten en abierto que programen con criterio y respeto las producciones extranjeras (sobre todo si las anuncian a todo trapo) y que aprovechen las posibilidades que ofrece la TDT para ofrecer unos subtítulos en condiciones en lugar de tanta teletienda y absurdos concursos de llamadas a todas horas.

En mitad de una frase

Ya sé que la culpa es mía por ponerme a ver en abierto una serie que ya he visto (y en versión original), y que estamos en verano, época en la que todo se llena de becarios que sólo aprenden lo peor de quienes les enseñan, pero ¿es mucho pedir que una cadena que se gasta una pasta en una serie buena, que promociona sin cesar durante semanas (también en internet), espere a que termine no ya una secuencia, sino al menos una frase, antes de meter uno de esos colosales bloques de publicidad que hacen que olvides no sólo por dónde iba, sino hasta qué narices estabas viendo?

Supongo que la respuesta está clara si tenemos en cuenta que hablamos de una cadena que cortó la celebración de la selección tras eliminar a Italia en los penaltis, que hace eso mismo de cortar por donde caiga con todo lo que emite, incluidos sus propios productos (el reportaje de resumen de la Eurocopa, por ejemplo) y que compra series norteamericanas porque da una buena imagen de marca, no importa que se emitan dos o tres episodios seguidos y se acabe en un mes, que se cercenen los créditos (iniciales y finales) o que se mutilen líneas enteras de diálogo por culpa de la bendita publicidad.

De verdad, ¿es tan difícil hacerlo bien?

Rumbo incierto

Toni de la Torre publica en ¡Vaya tele! una serie titulada Por qué nos gusta, en la que ofrece unos perfiles muy personales (y muy hermosos) sobre algunos de los personajes protagonistas de series como Friends (Ross o Rachel), Battlestar Galactica (Starbuck), CSI (Sara, de la que dice “Sara Sidle es preferir trabajar con los cadáveres que con otras personas. Es escoger el turno de noche por voluntad propia (…) Sara Sidle es enamorarte de tu jefe, porque, ¿de quién sino te podías enamorar?”), House, Dexter, Sexo en Nueva York (Mr. Big) o Perdidos, entre otras muchas.

De nuestros isleños favoritos ha hablado hasta ahora de Hurley (“su optimismo es el de la determinación, el de la fe de creer que si confias en que las cosas se arreglarán, realmente ocurrirá algo que las arregle”), el cada vez más fascinante Benjamin Linus (“Ben Linus es el tipo de hombre que puede cambiar el mundo. Provocar guerras, traer paz, ordenar la muerte con un susurro, crear vida si así lo desea. El destino le pertenece. Con poder o sin él, el mundo siempre ha estado en manos de hombres como Ben Linus. Todo lo que ocurra en la isla, sucederá porque será su voluntad, no la de nadie más. Ni la de Jack, ni la de Locke. Él escribirá el final”) o el que siempre ha sido mi favorito, John Locke (“John Locke es la voluntad de darte a ti mismo otra oportunidad, la determinación de reescribir quien eres. Si tu avión no cae en una isla desierta, crea tu mismo una forma de reiniciar. Este va a ser tu momento. Deja que John Locke te enseñe cómo volver a respirar”).

[Aviso: espoilers sobre los cinco primeros episodios de la cuarta temporada de ‘Perdidos’]

Supongo que todos los que están siguiendo la cuarta temporada de Perdidos estarán tan perplejos como yo. Ya hablé hace unas semanas de los dos primeros episodios, que ya me parecían desconcertantes, pero desde entonces la cosa no ha hecho sino empeorar (o mejorar). Desde el Sayid sicario a sueldo de Ben hasta la adopción por parte de la futura Kate del niño de Claire, Aaron, pasando por el misterioso equipo de rescate, los no menos peculiares tripulantes del barco o los saltos espacio-temporales de la mente de Desmond (su conversación con Penny fue uno de los momentos más emotivos de la serie, incluido además en uno de los mejores episodios que hemos visto hasta ahora).

Me gusta el desconcierto, las sorpresas, y la sensación de que los 42 minutos de cada capítulo se me pasen en un suspiro, y apenas tengo nada que reprochar a estas cinco primeras entregas (una bomba tras otra, y los padres de la criatura prometen seguir por esa línea en los ocho que quedan de esta temporada), salvo el rumbo que está tomando Locke, mi favorito desde el principio, como he dicho más arriba. No me convencen las decisiones que toma su personaje, pero tal vez sea simplemente que el único Jedi de la isla está tomando el camino hacia el Lado Oscuro.

La antesala

Después del arrebato de ayer (que aparte de para desahogarme sirvió para que nos visitasen muchos más gatos de los que lo hacen normalmente: gracias) volvemos al tono habitual, ligero (que no frívolo) y ameno (que no tonto, o eso espero), porque la temporada de premios ha empezado ya oficialmente.

La Asociación de la Prensa Extranjera en Hollywood ha dado a conocer hace unas horas a los candidatos a sus premios, los Globos de Oro (a los que los medios se refieren una y otra vez diciendo que “están considerados la antesala de los Oscar”), que entregará dentro de un mes, el 13 de enero (una fecha, por cierto, especial para nosotros, aunque eso es otra historia), en una gala en la que homenajearán, como ya comentamos, a Steven Spielberg.

El orfanato de Juan Antonio Bayona se ha quedado sin candidatura a la Mejor Película Extranjera, pero eso no significa que no haya españoles en la gala. Alberto Iglesias ha sido seleccionado por la banda sonora de la película de Marc Forster Cometas en el cielo y Javier Bardem optará al Globo de Oro al Mejor Actor de Reparto por No es país para viejos, de los hermanos Coen.

Por lo demás, la cosa está, como se suele decir, muy repartida, lo que indica, a la espera de que en enero dé a conocer la Academia de Hollywood sus nominados a los Oscar, que la tendencia de los últimos años no ha variado y que este año tampoco tendremos un ganador aplastante.

La que parte con mejores opciones es Expiación, adaptación de la novela de Ian McEwan firmada por Joe Wright, autor de la última versión cinematográfica de Orgullo y prejuicio (yo prefiero sin duda la televisiva) y que vuelve a dirigir a Keira Knightley en esta historia que tiene siete nominaciones.

En la lista de favoritas le siguen títulos como Michael Clayton (con George Clooney, también candidato al Mejor Actor Dramático), Promesas del este de David Cronenberg, American Gangster de Ridley Scott, el filme de los Coen o Sweeney Todd de Tim Burton.

Como siempre pasa con los Globos de Oro, la división entre drama y comedia y musical propicia que casi todos los actores de primera fila con película recién estrenada pillen algo (en cine son más de 20, y eso que Cate Blanchett y Philip Seymour Hoffman repiten en interpretación protagonista y de reparto), así que quien quiera ver la lista completa la puede consultar en la página de la Asociación o en Imdb, aunque la curiosidad de esta edición es encontrar a Clint Eastwood como candidato a la Mejor Canción por el tema principal de Grace is gone.

En el apartado televisivo, aparte de la injusticia de reducir el reconocimiento a Dexter a una candidatura para su protagonista, Michael C. Hall, los Globos de Oro no han levantado demasiado revuelo, salvo las cuatro nominaciones de la recién llegada Damages (otra que tengo apuntada para cuando la huelga me deje sin material nuevo), acompañada en la lista de favoritas por las habituales 30 rock, Entourage, Anatomía de Grey o House. En una relación que siempre se ha caracterizado por ser bastante conservadora se han colado dos debutantes: Pushing Daisies (tres candidaturas) y Californication, que se ha llevado dos nominaciones, una para la serie y otra para el felizmente recuperado David Duchovny, del que ya hablaré con más calma un día de estos.

Polémicas estúpidas

Ya sabemos lo delgada que es la línea que separa lo apropiado de lo inapropiado. Sabemos que en España, el horario de protección infantil no es más que un eufemismo y que en la sobremesa podemos ver todo tipo de atrocidades y vulgaridades (ahí están Aquí hay tomate y los resúmenes de Gran Hermano), aunque la ficción nacional tenga siempre un sesgo familiar que elimina cualquier contenido que pueda suponer una ofensa al espectador (las apariciones de elementos como lenguaje soez, violencia o sexo son meramente colaterales, tangenciales, y siempre se muestran de un modo sutil y mojigato).

Decimos siempre que el cine y la televisión españoles son mucho más libres que sus hermanos norteamericanos, porque allí no pueden mostrar secuencias de sexo explícito en la pantalla grande (si lo hacen, saben que se ganarán a pulso la etiqueta de para mayores de 18 y perderán millones en la taquilla), pero nos olvidamos de Los Soprano, de A dos metros bajo tierra, de Dexter, protagonizada por un asesino en serie, o de Californication, centrada en las andanzas de un tipo que fuma sin parar (también marihuana), suelta un taco cada vez que abre la boca y, como bien indica el título, tiene una vida sexual de lo más ajetreada (y además David Duchovny enseña el culo, ¿qué más se puede pedir?).

Pero claro, todo eso se puede ver en la televisión de pago, no en ninguna de las grandes networks, que, como ya vimos en Studio 60, tienen que tener mucho más cuidado con lo que emiten para no herir las susceptibilidades de los espectadores y, sobre todo, de los anunciantes.

La polémica estúpida de la semana tiene que ver precisamente con uno de esos deslices, una tontería que ha molestado no sólo a los filipinos, sino también al Gobierno del archipiélago. ¿Y qué ha provocado tanto revuelo? Pues un chiste (sin demasiada gracia, todo hay que decirlo), incluido en la premiere de la cuarta temporada de Mujeres desesperadas.

En una secuencia del episodio Susan va al médico, interpretado por Nathan Fillion (esa criatura que lleva el gafe a cuestas como una mochila, que acabó con Firefly y Drive y que, claro, tenía que estar en la secuencia de la polémica). No sé qué es lo que le pasa a Susan, porque no he visto el capítulo completo, pero el caso es que el doctor Fillion alude a la posibilidad de que haya entrado en la menopausia. Ella se pone hecha una furia y le pide ver de cerca todos esos diplomas que cuelgan de la pared, no sea que alguno de ellos sea de “alguna escuela médica de Filipinas”.

Y ya está, eso es todo. Pero esa minucia ha levantado una ola de indignación entre la comunidad filipino-estadounidense, que ha orquestado una campaña para que la ABC se retracte, cosa que ya ha hecho, aunque la polvareda ha llegado ya al Gobierno filipino, que exige que se vuelva a editar el episodio y que se emita de nuevo sin la ofensiva frase.

La polémica es sin duda excesiva, pero esta oleada de neo-corrección política no es exclusiva de EEUU. No hay más que recordar la retirada en España (Hernán Casciari hizo en Espoiler un top ten de la censura publicitaria) de anuncios del Burger King, Bocatta, de Dolce & Gabanna, algunos de AXE o aquel de Amena protagonizado por enanos que duró en antena poco más de unas horas.