Por qué no quería ir al EBE 2010

Esto iba a ser una introducción a este texto sobre el Evento Blog en sí, pero como se me ha ido de las manos, mejor lo pongo en otro post porque nada tiene que ver con el EBE. De todas formas, me apetecía contar por qué no quería ir este año, más que nada para desahogarme, que es una de las muchas razones para tener un blog.

Que no quisiera ir este año al Evento Blog no tiene que ver ni con su programación, ni con mi experiencia en pasadas ediciones (hasta ahora sólo me he perdido el primero). El motivo es de índole estrictamente personal. A mi abuelo lo ingresaron por primera vez durante el EBE de hace dos años (de hecho, nos perdimos buena parte del programa porque fuimos a verlo a Córdoba). Tardaría aún tres meses en fallecer, pero esa fue la primera vez que tuve la certeza de que no le quedaba mucho.

Durante el EBE del año pasado recibí una llamada que me cambió la vida, por muy rimbombante que suene. Mi padre había conseguido al fin acorralar a la presunta oncóloga que (mal)trataba a mi madre para que le dijera cómo estaba realmente. “Tiene los días contados”, fue la expresión de mi padre. La individua le dijo que unos meses, pero en realidad sólo le quedaban dos semanas. Pero ninguno lo sabíamos. Mi padre me prohibió que fuera a Córdoba a verla, porque se iba a asustar si me veía aparecer por allí sin estar planeado. Los dos me prohibieron muchas veces durante todo ese tiempo que fuese a verla. Lo consiguieron en ocasiones. Aún me maldigo porque lo consiguiesen aquella vez. Sigo sin entender por qué no querían que estuviese allí. Mi padre le echa la culpa a mi madre. A ella ya no puedo preguntárselo, aunque, conociéndola, imagino que no quería que sus hijos la viéramos así (con mi hermano los vetos eran incluso más estrictos). El caso es que me quedé en Sevilla. Ante la perspectiva de verme encerrada en casa, encerrada en mí misma y llorando, Contradictorio me obligó a ir al EBE. Creo que no hace falta explicar las nulas ganas que tenía de estar allí. Ni allí ni en ningún lado, en realidad.

Obviamente, el Evento Blog no tiene nada que ver con todo esto, pero la puñetera casualidad de que, en dos años consecutivos, coincidiera su celebración con desgracias personales hizo que, hace bastantes meses, tomase la decisión de no volver a ir.

Pero, claro, lo que una quiere y lo que finalmente acaba haciendo no siempre tienen mucho que ver (la realidad y el deseo, que decía Cernuda) y mi jefe, que nada sabe de todo lo que cuento más arriba (porque no tiene por qué saberlo), decidió que yo sí iría este año al EBE, y encima trabajando. Este es el resultado. Todo lo que veis, salvo los vídeos, que son de mi compañera Ainhoa Ulla, es obra mía.

Como sabrá cualquiera, sobre todo si es periodista o ha ejercido como tal, el matiz ir trabajando suele empeorar cualquier experiencia (aun así, ha habido unas cuantas cosas que me han gustado bastante de este EBE, que cuento en este otro texto), porque te obliga a ir a todo (o ir de sala en sala para pillar un poquito de cada ponencia si, como en esta ocasión, la cosa se solapaba), te apetezca y/o interese o no. Además, si unimos a ese ir siempre corriendo mis ya legendarias taras sociales (a mí no me sale lo de ir a presentarme a nadie sólo porque nos seguimos en Twitter), terminas con un balance social nulo, o casi (me encantó saludar a Deniman, aunque fuese tan brevemente). Y encima este año ni siquiera estaban Drea y Gargon.

Unos presumen al terminar el EBE de los followers y followeados ganados y de los contactos dervirtualizados (mira que me gusta poco esa palabra) y yo me conformo con añadir a alguno que otro que ha dicho cosas interesantes y de no haber perdido a ninguno por el camino. Es lo que tiene no aspirar a ser una gurú, que te conformas con poco.

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5 comentarios sobre “Por qué no quería ir al EBE 2010

  1. Bueno, este año al menos imagino que te ha repercutido mejoras económicas. Me habría encantado verte y abrazarte, que ya hace tiempo… Te mando el abrazo por aquí y deseo que los recuerdos no te hayan enchungado en demasía.

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  2. A nosotros también nos habría encantado veros, pero qué le vamos a hacer 😦 Nos debemos abrazos en directo 😉

    La verdad es que no me ha reportado ninguna mejora. Me han levantado dos días de descanso (que recuperaré más adelante) y cada día, cuando me iba de allí, me pasaba tres o cuatro horas trabajando en casa. Así que no, no me ha reportado beneficio profesional alguno, sólo un cansancio infinito…

    Suena infernal cuando lo dices así, jeje, pero es que no mola nada ir a estas cosas trabajando 😛

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