‘La pirámide’, de Henning Mankell

[Podría ser el inicio de otra serie de mini-reseñas, pero creo que este curso me va a dar tiempo de leer poco más aparte de los diez kilos largos –true story– de papel que han llegado esta semana a mi casa y a los que voy a tener que empezar a meter mano si quiero ser algún día una flamante filóloga -los documentaré fotográficamente para quejarme de la densa carga lectiva y congratularme de lo que se ahorra una comprándose los libros en Amazon-. Pero antes de zambullirme en todo ello he terminado La pirámide, de Henning Mankell, del que hice un pequeño comentario en Anobii que pensé que podría recuperar aquí con un par de añadidos].

Mankell escribió La pirámide tras la publicación de sus ocho novelas sobre Kurt Wallander, usando retazos descartados o abandonados durante los años que dedicó al inspector y creando otras historias totalmente nuevas que prometen llevar al lector a la génesis del personaje, a su juventud y sus inicios en la policía, al tiempo en que conoció a su mujer (y futura ex), a los primeros años de paternidad… A lo largo de los cinco relatos del volumen Mankell nos guía por los primeros casos del inspector, y nos abandona justo la madrugada en que recibe la llamada del doble crimen sobre el que trata Asesinos sin rostro, la primera novela wallanderiana.Esa es, digamos, la introducción. A partir de aquí viene más o menos lo que escribí en Anobii, que titulé Algo decepcionante porque, aunque los relatos encajan, sobre todo el último, el que da título al libro -una novela corta que podría insertarse entre cualquiera de las otras historias de Wallander-, con las premisas que definen las novelas de Mankell sobre Wallander, la colección me ha parecido en cierto modo decepcionante.

Cuando un lector que ya se ha leído casi todas las historias del policía se enfrenta ante un conjunto de relatos que promete desvelar cómo era el protagonista antes de todo lo que ya has leído, una espera encontrarse a alguien diferente e ir descubriendo poco a poco las claves de una evolución que le hará, finalmente, convertirse en ese personaje que ya conoce.

Pero, básicamente, el Wallander tan hecho polvo que conocemos sus lectores es el mismo Wallander hecho polvo de su juventud y su temprana madurez, aunque con menos achaques físicos. Ya sabemos que su vida personal es un desastre, que no le fue bien con su mujer y que tiene una relación complicada con su padre y con su hija, pero seguimos sin saber por qué.

He echado en falta detalles como ese y alguna profundización en su relación con Rydberg (un compañero policía al que siempre alude como mentor y cuya muerte posterior le afecta sobremanera), por ejemplo, para que el libro estuviese a la altura de las novelas anteriores. En Anobii dije que aun así es una lectura muy recomendable, y lo mantengo, pero si alguien quiere conocer a Kurt Wallander, que empiece por el principio, por Asesinos sin rostro, la primera “novela sobre el desasosiego sueco”.

PD: También puede verse la serie de la BBC. Por ahora se han grabado dos temporadas de tres episodios (de hora y media cada uno) que adaptan a la perfección las novelas, sobre todo su ambiente gris, oscuro y desesperanzado en el que la resolución de los crímenes no es un triunfo que se celebre con brindis y fiestas; si acaso aporta sólo un poco de alivio, más escaso a medida que avanzan las historias. Además sale Kenneth Branagh, que está fantástico, as usual.

PD (II): Aunque se suponía que este libro era la despedida de Wallander, el inspector vuelve para pasarle el testigo a su hija Linda en Antes de que hiele y, una vez más, en esta ocasión para que sus lectores sepamos cómo le va la vida de jubilado, en El hombre inquieto. De la serie Wallander propiamente dicha tengo aún por leer Cortafuegos. Estos dos últimos ni siquiera me los he comprado todavía, así que tendré que hacerlo…

PD (III): Un día de estos tendré que dedicarle un artículo como Dios manda a Mankell y su Wallander. Esto era sólo un comentario que quería compartir por aquí.

PD (IV): Mmm… creo que no se me olvida nada. No. Nada.

2 comentarios sobre “‘La pirámide’, de Henning Mankell

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