Mini-reseñas de pelis: ‘Death in Brunswick’

[Dicen que el primer paso para superar un problema es reconocer que efectivamente se tiene uno, así que allá vamos]

Si le pides a tu proveedor de contenidos audiovisuales (aka marido) que te busque una película australiana de 1991 que ni siquiera se ha estrenado o editado en España (por algo será) por el mero hecho de que en ella sale Sam Neill, tienes un problema. Si a pesar de los problemas que tiene para buscarla insistes en que la encuentre, tienes un problema. Si una vez conseguida te pones a verla sin subtítulos (no los hay por ninguna parte, ni en español, ni en inglés, ni en serbo-croata), tienes un problema. Si cuando descubres que dicha cinta la rodó Sam Neill (al que ahora entiendes perfectamente) antes de aprender inglés no la paras y te olvidas de ella, tienes un problema. Si ni siquiera la quitas cuando ves que, a pesar de que lo que habla Sam Neill no es exactamente inglés (al menos no un inglés que tú conozcas), es, de lejos, al que mejor se entiende de toda la película, definitivamente tienes un problema.

Bueno, una vez superada la fase de confesión terapéutica, vamos al lío, que tampoco es plan de pasarse con la autoflagelación:

Death in Brunswick es una comedia (o eso creo, porque lo mismo podría haber sido un drama existencialista) protagonizada por Carl, un perdedor en toda regla que vive en Brunswick, un suburbio a las afueras de Melbourne. Tiene treinta y tantos, está separado, en el paro y vive con su dominante y muy religiosa madre en una casa cochambrosa y llena de ratones (y puede que algo más). Su madre, que anhela que haya un brote verde para su hijo, recorta cada oferta laboral que encuentra en el Cambalache merlbournés (¿se sigue editando el Cambalache?). Una de ellas es para un puesto de cocinero en un night-club regentado por greco-australianos. Allí se encamina Carl en su no menos cochambrosa bicicleta, y de inmediato recibe el trabajo, aunque no ve nada parecido a un contrato ni nadie le dice qué tiene que hacer ni por cuánto, sino que directamente lo arrojan a una cocina mugrienta infestada de cucarachas. En el club conoce a Sophie, una joven camarera también de ascendencia griega y de la que inmediatamente se enamora, y a Mustafá, su compañero en la cocina y traficante de drogas cuya muerte es la que da título a la historia.

La película no es gran cosa (probablemente me haya perdido los chistes…), pero sí tiene algunos puntos a favor, como la secuencia del inicio, en la que conocemos a Carl y lo mucho que apesta su vida, y la del cementerio. (No creo que nadie vaya a ver esta peli, así que me voy a despachar) El protagonista (al que sus patronos llaman cookie) mata accidentalmente a Mustafá. Aterrado y bloqueado, llama a su mejor (y por lo que se ve en la cinta, único) amigo, Dave, para que le ayude a salir del embrollo. Dave es enterrador, así que no se le ocurre mejor idea que aprovechar que ese mismo día ha abierto la tumba de una fallecida para dar sepultura en ella a su marido. El nuevo ataúd irá encima del ya enterrado, así que piensa que será buena idea meter el cuerpo de Mustafá en el viejo, donde la descomposición de la finada, que murió largo tiempo atrás, habrá dejado sitio para el nuevo inquilino. Pero sorprendentemente la fallecida está bastante intacta, así que Dave, ni corto ni perezoso, aplasta a pisotones sus restos para meter allí los de Mustafá. Cuando terminan y vuelven a casa de Carl, cubiertos de barro hasta las cejas, el cocinero mira a su amigo con ojos llorosos y le dice: “No quiero seguir viviendo así”.

Pero Carl siempre será un perdedor, por mucho que la conquista de Sophie (que no es un trabajo arduo, porque la chica se lanza a sus brazos a la segunda sonrisa) le haga creerse el rey del mundo y que pedalee en su bici (con chupa de cuero y gafas de sol) creyendo que conduce un Ferrari. Carl es un inútil, pero un inútil entrañable al que hay que interpretar con mucho tacto para que, despertando la risa del espectador, logre también conectar con él. Y eso lo consigue Sam Neill, que por desgracia no se prodiga mucho por la comedia pero que en Death in Brunswick deja un ramillete de expresiones de desconcierto bastante divertidas.

PD: Por no haber, de esta peli no hay ni fotos, así que he tenido que tomar prestadas unas cuantas capturas de aquí y apañármelas. Pero tráiler sí que hay:             

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2 comentarios sobre “Mini-reseñas de pelis: ‘Death in Brunswick’

  1. Decididamente has descrito mi última semana en que he recuperado mi pasión adquirida por este actor allá atrás por el piano más o menos.
    Me he propuesto repasar su filmografía pero cuesta mucho, y viendo mi perseverancia me acabo de dar cuenta…. Tengo un problemón…..

    Le gusta a 1 persona

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