¿Dónde está Locke?

[Otro texto que nadie leerá porque después de la foto habrá espoilers considerables sobre ‘Perdidos’]

En El equipo A era Hannibal, en Star Wars Han Solo, en Friends Chandler, en Expediente X Mulder, en Star Trek Kirk y Spock (me movía entre uno y otro), en El ala oeste Toby Ziegler, en 30 Rock Jack Donaghy, en Battlestar Galactica Adama y en Perdidos siempre ha sido Locke.

Me gustó desde que apareció con su cofre de cuchillos (que parecía sacado de la teletienda) en la isla, me siguió gustando cuando demostró sus habilidades para el rastreo, la caza de animales y la ebanistería (aquella cuna que le talló a Claire), y me conquistó cuando supe que era suya la silla de ruedas que iba en el avión y que volvió a caminar cuando se estrelló en la isla.

A lo largo de estos años hemos descubierto (y sufrido) su facilidad para la obsesión (primero la escotilla, después el puñetero botón, su necesidad de descubrir lo que pasaba en la isla, su creencia de que tiene una misión que cumplir en ella, su afición por volar cosas -la escotilla, una estación de Dharma, un submarino…-, su empeño por evitar que nadie saliese de allí y por llevarlos después de vuelta…) y cierta debilidad de carácter (o ingenuidad) que le convierte en víctima propicia para que los muchos desalmados con los que se ha cruzado a lo largo de su vida le manipulen a su antojo. La lista de malnacidos que le han hecho la vida imposible la encabeza, por méritos propios, su propio padre, aunque Benjamin Linus está dándolo todo para ocupar el puesto de honor.

Por mucho que en todo este tiempo nos haya sacado a veces de quicio, creo que su background justifica sobradamente sus desesperados intentos por encontrar su lugar en el mundo, por hallar algo que compense o dé sentido al infierno por el que ha pasado hasta llegar a la isla. Aunque conocimos pronto a su padre (casi ninguno de los personajes de Perdidos tiene un padre no ya bueno, sino normal, pero este individuo es el peor de todos), que no quiso saber nada de él hasta que necesitó un riñón (le engatusó, le manipuló, le quitó el órgano y después desapareció), la gran incógnita en torno a Locke fue qué le había atado a una silla de ruedas. A mediados de la tercera temporada supimos que no había sido qué, sino quién, y una vez más la respuesta era su puñetero padre, que le tiró por la ventana desde un octavo piso.

Pero sobrevivió, y al balazo que le metió el siempre entrañable Ben, y a otras muchas zancadillas que la suerte, o el destino, han puesto en su camino. Por eso era un misterio su muerte (ya lo fue saber quién narices estaba en el ataúd), y aún más esa nota en el periódico que decía que se había quitado la vida. Algo no encajaba.

Por esa necesidad de saber, fuimos muchos los que esperamos ansiosos el séptimo episodio de esta quinta temporada desde que supimos que su título era La vida y muerte de Jeremy Bentham, un título muy explícito en esta serie tan poco dada a los anticipos en el que confirmé que la muerte de Bentham, o de Locke, fue culpa de Ben, que primero le ayudó a bajar del patíbulo y después le estranguló con el cable que había comprado para quitarse la vida.

Pero, como también predije, no fue ese el fin de John Locke. Ben le llevó a la isla y allí, como el padre de Jack (¿o quizás es sólo un fantasma?), volvió a la vida (por cierto, señores encargados de hacer las promos de los episodios: ver a Locke emerger de una capucha en la oscuridad de la noche es emocionante si lo ves en el episodio, no en una promo; a ver si controlamos mejor los espoilers). [El episodio de Jeremy Bentham se cerró, por cierto, con una de esas frases que sólo podemos escuchar en Perdidos (la de “recuerdo haber muerto” tampoco está mal): “Es el hombre que me mató”.]

Y desde entonces no sabemos nada de él, y van ya tres episodios sin él, tres episodios centrados en las andanzas de los losties setenteros en Dharma (no es que no me gusten, es que prefiero la alternancia de personajes y escenarios). Creo que una resurrección es un motivo de peso para prestar algo de atención a un personaje, y no entiendo por qué le ignoran. Vale que el lote en el que ha caído (los supervivientes del segundo avión) no es a priori demasiado interesante (podrían habérselo llevado también a los 70), pero creo que su presencia y la del maldito Ben (no me creo que Sayid le haya matado; sería demasiado fácil) bien merecen unas cuantas secuencias. A ver qué pasa esta semana.

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