La semana de los Oscar: ‘El lector’

[Ya he empezado a ponerme al día con las películas candidatas a los Oscar y las iré comentando aquí siguiendo el orden en que las voy viendo]

El lector es una de esas historias que empiezan siendo una cosa y a mitad de camino se convierten en otra, como Million Dollar Baby o Abierto hasta el amanecer, por poner dos ejemplos muy distintos. Como les pasa a muchas de esas historias 2×1, también en esta se mima una de las dos partes en detrimento de la otra, y eso es lo que pasa con el tramo inicial, que cuenta cómo un joven de 15 años (Michael Kross) se enamora de una mujer 20 años mayor (una espléndida Kate Winslet) en la Alemania posterior a la Segunda Guerra Mundial y que no es más que un prólogo, o eso parece, de la parte en la que el joven, unos años después, descubre que su primer amor fue guardia de los campos de concentración nazis.

Supongo que la prudencia y la sobriedad han sido las guías de Stephen Daldry a la hora de llevar a la pantalla el relato de Bernhard Schlink, preocupado quizás demasiado por tratar adecuadamente temas tan peliagudos como el papel de los ciudadanos alemanes de a pie en el exterminio judío (si lo sabían, ¿por qué no hicieron nada?) y el de quienes trabajaron en los campos (¿se alistaron voluntariamente o no tenían otro remedio?) y participaron en el holocausto, a veces sin pensar siquiera en si aquello estaba bien o no (el personaje de Bruno Ganz, un profesor de Derecho, explica que lo que se juzga en los procesos a los implicados en aquella barbarie no es lo moral, sino lo legal) y sin tener, por tanto, una sombra de arrepentimiento.

Imagino, como decía, que el director estaba tan centrado en no molestar, en ser respetuoso, que ha dejado un poco de lado que la suya, aparte de la historia de un juicio, de nazis y de sus víctimas, es la historia de dos personajes a los que no llegamos a conocer, sobre todo a ella. No sabemos por qué se lanza (o se deja atrapar) a los brazos del chico, ni por qué es tan seria, tan arisca, ni por qué decide un día desaparecer y dejar al joven, ni por qué prefiere admitir la autoría de un informe que la responsabiliza directamente de la muerte de 300 mujeres judías en un incendio a reconocer que no sabe leer ni escribir.

Esa frialdad, esa excesiva distancia de Daldry con sus criaturas y lo que les acontece marca la efectividad de una película que, al menos a mí, no me llegó a emocionar, aunque hubo dos momentos que sí lo hicieron -las cintas que el joven (ya adulto y con el rostro de Ralph Fiennes) envía a su antigua amante, recluida en una prisión, y en las que le graba prácticamente todos los libros que tiene a mano, y la lata de té con sus ahorros que ella lega a una de las supervivientes del incendio y que él lleva a una mujer que sólo acepta la lata (no el dinero) porque le recuerda a una en la que guardaba sus tesoros y que le robaron al llegar a Auschwitz-. También me quedo con una conversación del final, entre el personaje de Fiennes y el de Winslet cuando ella está a punto de salir de la cárcel (“¿No piensas en el pasado?”. “Los muertos, muertos están”. “Pensé que en todo este tiempo aprenderías algo”. “He aprendido a leer”) que sintetiza el desprecio de la generación a la que él representa por quienes nunca se arrepintieron de su papel en el exterminio de los judíos.

(‘El lector’ está nominada a cinco Oscar: Mejor Película, Director, Guión Adaptado, Fotografía y Actriz protagonista para Kate Winslet, que ya se ha llevado por esta película un Globo de Oro y un Bafta, entre otros premios)

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