La becaria con pamela (y II)

Tras una primera entrega en la que expliqué lo que pienso de los becarios (sobre todo de los actuales) y que generó no muchos (este es un blog modesto) pero sí extensos comentarios, concluye esta miniserie de dos episodios con la protagonista de esta historia: la becaria con pamela.

La becaria con pamela (en adelante, BCP) no es alta, ni delgada, ni discreta en el vestir (ni en el maquillaje). Ignoro sus cualidades tanto personales (no me interesan) como profesionales (tampoco me interesan porque trabaja en mi sección/departamento pero no conmigo), pero lo que sí puedo constatar es que tiene una cara dura inversamente proporcional a su sagacidad.

Por desgracia, no trajo al periódico el complemento que me sirve para darle nombre (“si no es verano”, dijo mi amigo Al al conocer el dato, como si la estación del año normalizase que una persona acuda a trabajar en un periódico con un pamelón negro que para colmo no se quitó hasta un buen rato después de haber llegado y haber empezado a trabajar) hasta el día siguiente de esta historia, de lo contrario le habría espetado sin dudarlo un “¡si vienes a trabajar con pamela, por Dios!”. En situaciones cómo estas es cuando más echo de menos el periódico en el que trabajaba antes (este es como Nueva York, no por cool, sino porque nadie te mira ni te habla), donde más de uno se habría encargado de que quemase la pamela allí mismo.

La conversación que paso a reproducir sin tomarme apenas licencias dramáticas tuvo lugar hace dos semanas, cuando la individua en cuestión llevaba aquí sólo una (recuerdo que los becarios modernos no trabajan los fines de semana) y reivindicaba su derecho a tener vacaciones navideñas. Por suerte para ella no fue conmigo con quien habló, sino con lo más parecido a un jefe que tenemos y que tiene que soportar, sin merecerlo, cosas como esta.

BCP: A ver, vamos a hablar de mis días de Navidad -no recuerdo si fueron esas sus palabras exactas, pero sí el tono: exigente-. Como este año el 24 cae el miércoles y el 31 en jueves, el único día que necesito para enganchar las fiestas con los fines de semana es el 26, así que no voy a venir.

Y aquí es donde yo me meto en su monólogo; la verdad es que no aguanté mucho:

Yo: En primer lugar, 24 y 31 caen en miércoles.

BCP: ¿Sí? ¿Este año caen así?

Yo (con hastío y perplejidad porque lo peor es que llevaba sus demandas apuntadas en un cuadernito pero, al parecer, no en un almanaque): Todos los años 24 y 31 caen el mismo día de la semana.

BCP (a cuadros): Vaya. Entonces voy a necesitar el 26 y el 2 de enero, porque soy de fuera -bendita excusa; yo también soy de fuera, y lo he sido muchas veces, y mucha gente que conozco, y muchas veces se nos han jodido fiestas y vacaciones y, aunque parezca increíble, no pasa nada.

Yo: Para descansar esos días, tendrás que venir fines de semana, mejor los domingos, que es cuando más ayuda necesitamos -el fútbol y esas cosas-, así que puedes venir este domingo (el 21 de diciembre) y el 4 de enero.

BCP: Uf, es que este domingo me viene muy mal trabajar.

Yo (a un paso de perder la paciencia): Es que no se puede tener todo, hija mía.

BCP (sin dejar de mirar su cuadernito y sin dar aún crédito al fracaso de su plan navideño): Pues no sé… Si para descansar esos días tengo que trabajar domingos, voy a tener que pensármelo.

Pasan un par de minutos y:

BCP: Bueno, seguimos. Como el 5 de enero es festivo…

Yo (cada vez más deprimida por la degeneración de la especie humana en general): No, no es festivo, el festivo es el 6; el 5 tienes que venir. Además, es necesario que vengas porque hay que hacer las galerías gráficas de las cabalgatas de Reyes.

Desolada, la BCP se sumerge en su cuadernito sin decir una palabra más, hasta unos minutos después, cuando comunica que descansará el 26 y trabajará el 2 y el domingo 4, o eso espero, porque hoy se ha plantado aquí con un maletón desproporcionado para alguien que tiene que trabajar el viernes…

P.D.: El primer día de la era de la pamela (la ha traído más veces) también se trajo un kiwi, que se comió, con su cucharita, sentada frente al ordenador. He visto comer muchas cosas en una redacción, pero nunca un kiwi…

6 comentarios sobre “La becaria con pamela (y II)

  1. Yo también hubiera preguntado por el 26 y el 2. Lo que ya no sería propio de mí es haber puesto un tono exigente, porque mi experiencia profesional es que tú pides el día y tu responsable te lo concede en cuanto comprueba que no afectará a lo que haya que cumplir en ese fecha… o sea, que quien lo deniega no es él sino una excesiva carga de trabajo (exceso del que es responsable más de uno). Y haciéndome eco del poco trabajo que ahorra esta becaria…pero si se pensaba que un beca que abarque las Navidades incluye facilidades en las vacaciones, qué ingenuidad la suya.Si no trabaja contigo y no tienes vocación docente, yo pasaría bastante… [está claro que nos trae al fresco si en vez de un delicioso kiwi (ainss a ver si dejo los snacks) se toma directamente un laxante o si en vez de llevar pamela se rapa a lo Britnie] quizá por querer que se entere de cuáles son los aros que se pasan en un periódico te caiga otro tipo de fama… (recuerda como impunemente te he tachado de quejica y meticona, así, desde el cariño xD)Con suerte sólo es ingenua y -como yo en su día- se cree JASP cuando aún le falta un herbor… en mi curro sí nos hablamos y no se puede ignorar casi nada porque es bastante “en equipo” y no hay nada peor que las que se hacen las tontas a la hora de ‘sembrar’ y las listas a la hora de ‘recoger’.Buena suerte en el curro, y viva las pamelas que guardan buenas cabezas!

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  2. La cuestión es esa, que llega el 15 de diciembre o así, como becaria, exigiendo días sobre un calendario que encima estaba mal. Un despropósito, vamos.Quejica y meticona… muy bonito 😛 He sufrido a unos cuantos becarios, y de eso me quejaba en el prólogo a la historia de la ‘apamelada’. Esta no me molesta, simplemente me llamaron la atención sus demandas festivas, su pamela y su kiwi.Aquí no se hace nada en grupo, especialmente en el equipo en el que trabajo. Cada uno va a su aire, sin pensar en el que tiene al lado o en el que trabaja en el turno siguiente al suyo. Y nuestro grupo apenas interactúa con el resto del periódico, así que imagina lo agradable que es todo. Al menos no tengo que hablar con gente con la que no me apetece hacerlo…Suerte para ti también en este 2009 que se nos echa encima, y no te atragantes con las uvas, el cava o la ropa interior roja 😛

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  3. Yo aún no doy crédito y lo cuento como una de las cosas más WTF que me han pasado nunca en mi puesto de trabajo. Como tú no estabas atenta, te reproduzco exactamente cual fue el comienzo del speach en que solicitaba sus derechos: “R*****, tres cosas te voy a decir (manos en jarra): …” Y ya después vino lo tuyo. Y si lo de la pamela fue grande, lo del kiwi ha sido <>AMEIIIZING<>. Larga vida a BCP!!!

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  4. No me extraña que se queden perplejos. De hecho, estoy deseando verte frente a un kiwi 😉 La cuestión con BCP es que se lo trajo al trabajo, con su cucharita incluida. (Hoy, por cierto, ha optado por dos mandarinas).

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