Dónde me he metido

Llevo dos días despertándome, por cortesía de mis vecinos, con un hilo musical que comienza con Grease, sigue con No llores por mí, Argentina, y puede desembocar en temas tan inquietantes como la espantosa ¿canción? caribeña o carlitosbrowneña que suena ahora, la versión en español del Tomorrow de Annie, Camela o el más cutre repertorio de los más cutres y justamente olvidados triunfitos. Todo ello, claro está, emitido a un volumen que hace incompatibles actividades que cualquier persona podría llevar a cabo en el salón de su casa, como ver la televisión, leer, conversar y pensar.

Pese a todo, hoy he decidido poner fin a mi imperdonable ausencia por estos lares aprovechando que no tengo que acudir a ese antro de vicisitud y dolor que algunos llaman lugar de trabajo pero que para mí no es más que un infierno que sin duda alguna no merezco.

(Ahora toca una versión chunguísima de ‘¿A quién le importa?’, o como se llame).

En estos días han pasado muchas cosas, algunas buenas como la visita desde la capital del reino del gran Al (con el que, Frappucino de por medio -el mío sin nata, of course-, comentamos el cuarto Indy y, un rato después, con un café, vimos un Croacia-Suiza, creo recordar, en un pub irlandés junto a la Catedral en una tórrida tarde dominical), ayer mismo la de Rose, desde la bahía gaditana, y otra más, aunque esta vez fui yo la que viajó a la ciudad califal para ver a mi familia y a los ex compañeros y sobre todo amigos que dejé allí cuando me mudé a Sevilla.

(‘Antes muerta que sencilla’, de María Isabel, de nuevo ‘No llores por mí, Argentina’, ‘El mago de Oz’, ‘Cabaret’ -madre de Dios, qué popurrí más extraño-, vuelve ‘Annie’ y también ‘Grease’, ‘Por la calle de Alcalá’ -o como se llame-, una vez más la ‘argentina’ de las narices… Parece que al fin hay silencio…).

Recién llegada a tierras cordobesas recibí la noticia de que mi jefe había anunciado su marcha. No puedo decir que le vayamos a echar de menos (no lo harán ni sus ahora ex jefes, que no esperaron a que abandonara el edificio para borrar su nombre del staff), ni tampoco que merezca el destino al que va, que desmiente el dicho popular de que el tiempo pone a cada uno en su sitio. Lo curioso es que su ausencia y su no sustitución han eliminado el último vestigio de pudor, vergüenza torera o como queramos llamarlo de algo que no es una organización, ni un grupo (ni se trabaja apenas) y en el que ya no se guardan las apariencias y cada uno hace, sencillamente, lo que le sale de las narices.

La visita a mi familia, aparte de para comprar las joyas que luciré El día de San Eustaquio (ya escribiré sobre eso, porque la cosa tuvo miga) y para conocer a mi nuevo ginecólogo (al que me gusta describir como un Geoffrey Rush deprimido o, directamente, en el peor día de su vida), me sirvió para ver por primera (y probablemente última) vez una gala de la presente temporada de Operación Triunfo.

Aunque se puede pensar que es un poco tarde y que no iba a enterarme de nada, para eso está mi madre, que en dos minutos me resumió de qué va este nuevo OT: de putearse (y de cantar como gatos apaleados, claro). Unos concursantes putean a otros y el jurado normalmente les ayuda. En contra de lo que parece, Risto no es el peor. Mucho más pérfida es la tal Noemí Galera, que no tuvo reparos en decirle a una chica salvada por el público (a la que por tanto no podían nominar) que por su culpa iban a tener que nominar a otro. La Chica de la tele explica que hace ya mucho que cantar ahí es lo de menos.

(Mi futuro marido, que acaba de llegar de la calle, me ha aclarado la procedencia de -parte- del hilo musical: están ensayando para la fiesta de fin de curso de un instituto cercano).

En otro orden de cosas, la amiga Drea ha ganado un concurso de relatos (enhorabuena otra vez), el Córdoba se salvó en el último segundo de bajar a Segunda B gracias al penalti que falló el Cádiz, que sí que ha bajado (puede que ya hayáis escuchado la sentida narración que de ello hicieron en la radio oficial del Córdoba), y este domingo toca perder (o ganar, quién sabe) contra Italia, aunque estaría bien romperles esta vez alguna nariz a ellos.

Y, hablando de italianos, estos días se nos ha casado el gran (golfo) Flavio Briatore, gurú de la Fórmula 1 y maestro de todos los que han soñado alguna vez recorrer el mundo rodeado de top models (a pesar de aquella foto en tanga que suscitó la misma reacción global que el culo de Michael Douglas en Instinto básico). A ver lo que le dura.

Actualización: El Cádiz ha impugnado el partido en el que descendió, así que el Córdoba aún puede bajar a Segunda B.

5 comentarios sobre “Dónde me he metido

  1. La mención era ‘obligatoria’, por así decirlo, jeje, no te mereces menos. Y sí, es todo un poco estresante. Sólo con las cosas que me pasan en el trabajo habría para hacer una serie, probablemente de terror.Besos, niña.

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