Aventuras en el baño

Lo de arriba es la decoración de las puertas de los aseos del cine en el que vimos el jueves por tercera vez Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal, algo que deja de ser simpático en el momento en que te das cuenta de que esa tontería de poner pegatinas en las puertas de los baños se le ha ocurrido a alguien que hasta cobrará (una pasta, probablemente) por ello.

Han pasado diez días del estreno y la cosa sigue calentita, con gente encendida a favor y en contra de la cuarta entrega de la saga mientras siguen engordando la recaudación de la película (creo que hace ya unos días que lograron los famosos 400 millones que permiten a Spielberg, Lucas y Ford comenzar a cobrar su porcentaje sobre la taquilla). Tal es la disparidad de opiniones que ni los críticos que trabajan en el mismo sitio se ponen de acuerdo. Es el caso, por ejemplo, de Blog de cine, donde cada uno de sus autores ha hecho su propia crítica, desde el entusiasmo a la decepción más feroz, pasando, también, por textos más comedidos, unos a favor, otros en contra y otros con un hermoso punto de nostalgia. Ya dije lo que me parecía El reino de la calavera de cristal, y después de verla por tercera vez sigo pensando lo mismo, así que si buscáis otro punto de vista podéis leer los artículos que enlazo y también sus decenas de comentarios plagados de descontento (hay bastantes que están satisfechos, pero creo que los otros ganan).

La excusa para volver a verla fue disfrutarla en versión original, aprovechando que la proyecta el único cine en versión original de Sevilla, un local vetusto y que desde fuera parece a un paso del derrumbe pero que curiosamente tiene unas salas recién remodeladas (hacía tiempo que no iba, así que no sé cuándo cambiaron las butacas, pero yo diría que no hace mucho).

El visionado (mira que es fea esta palabra) me permitió (aparte de disfrutar de la voz de Ford, que no es poco, y del acentazo foráneo de la Blanchett) pillar guiños que se me habían pasado por alto por culpa del doblaje, comprobar que la traducción la hicieron una sola vez y que la aprovecharon para doblarla y subtitularla (con todo lo que ello implica), que rara vez se respetan los diálogos (por mucho que el sentido sea similar) y que la secuencia de las arenas movedizas pierde bastante gracia doblada porque Indy no sólo explica qué es eso en lo que están a punto de sumergirse, sino que lo hace con el soporífero tono académico que emplea en sus clases en el Marshall College. Otro de los detalles, aunque este es totalmente personal y sólo para iniciados, fue que el doctor Jones, en su idioma natal, seguía llamando conquistador a Francisco de Orellana, lo que agradecí, porque mis amigos y yo llamamos con la traducción inglesa de ese término a un tipo que no nos cae nada bien y no me apetecía escuchar esa palabra de labios de Indy.

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