Sórdidos al volante

No me gusta la Fórmula 1 (ni las motos, pero voy a centrarme en los coches). Me aburre ver a tíos durante horas dando vueltas en coche a un circuito si no se la pegan, chocan, rompen los coches o les prenden fuego, y desde luego ni se me pasa por la cabeza la idea de levantarme temprano ni de madrugada para verlos (pasar la noche en vela por los Oscar es otra cosa).

Me alegré, claro, con los dos campeonatos que ganó Fernando Alonso, y me indigné, como media España, con la que le liaron el año pasado el imbécil de Ron Dennis y la niña de sus ojos (Hamilton), pero poco más (no participo en la macroporra que han organizado este año en el periódico, en la que en cada carrera, aparte de poner dinero, hay que acertar qué tres pilotos ocupan el podio, algo demasiado complicado para alguien que sólo juega a la Primitiva, y siempre con los mismos números, para no tener que pensarlos y tampoco caer en la tentación de poner los números), al menos hasta ahora.

No es que mi opinión de la Fórmula 1 haya cambiado, pero al menos he encontrado unas crónicas diferentes (y a ratos surrealistas) del campeonato de este año, articuladas en torno a una competición (la liga fantástica) organizada por Vicisitud y sordidez en la que se premia algo más que las victorias:

“Nosotros sólo damos puntos a aquellos que llevan su pilotaje ‘más allá’. A aquellos que creen que la pista sólo es una cosa negra que limita la libertad de sus trazadas. A aquellos que creen que el espectáculo no está en adelantar, sino en crear una explosión digna de Jerry Bruckheimer en el intento. A aquellos que creen que el insulto y la falta de respeto son la verdadera etiqueta deportiva…”.

Así, las puntuaciones, para los pilotos, se agrupan en las categorías Piñas, Falta de ética (y etiqueta), Apoteosis estética y No saber vivir en democracia, mientras que los equipos tienen los apartados ¿Acabar? ¿Para qué?, Atentados estéticos, ¡Señor Cuesta, chorizo! y Me sa ocurrío una idea. Además, hay bonificaciones por estilo o el factor Hamilton.

Las bases completas de la competición, a la que aún se puede apuntar todo aquel que quiera, las podéis leer completas aquí (aviso a miradas sensibles: el post se abre con la espeluznante imagen de Flavio Briatore en tanga, avisados quedáis). También están publicadas las crónicas (con sus respectivas puntuaciones) de Australia (especialmente brillante) y la de Malasia.

Por si fuera poco, hay una serie de grandes reportajes en profundidad sobre los susodichos coches, como La Fórmula 1 es para sórdidos (y nosotros lo somos), Mis grandes de la F1 (…y por qué Lewis Hamilton es un mierda), Los grandes inútiles de la F1 (y por qué Lewis Hamilton sigue siendo un mierda) o Los diez momentos más bochornosos de la historia de la F1 (y por qué Lewis Hamilton será un mierda toda su vida).

Casi todos conocemos la escasa catadura moral de Hamilton (o Hamiltonto, como le llaman en los comentarios de Vicisitud y sordidez, o directamente el mierda, como le llaman los propios sórdidos), pero nunca está de más recordar lo ridículos que son él y sus dos papaítos, el biológico y el adoptivo.

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2 comentarios sobre “Sórdidos al volante

  1. Todo lo que rodea a la F1 me da tanta pero tanta, TANTÍSIMA pereza!Y Alonso me cae tan mal pero tan mal… que apoyo a HAMILTON!!!JAJAJA.Besitos, guapa!Al.

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  2. ¿Y a quién no le da pereza? La Fórmula 1 es un verdadero coñazo, pero las crónicas de estos tipos merecen la pena. Y lo de Hamilton… qué puedo decir. Siempre has ido a contracorriente 😛Besos, guapetón.

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