Con calma

Es jueves por la tarde. Esta noche hay Perdidos (en EEUU, en el resto del mundo lo veremos mañana) y no he visto ni las fotos del nuevo episodio, ni ninguno de los anuncios, ni los sneak peeks. Tengo las mismas ganas de verlo que todas las semanas, más aún después del inquietante (y hermoso) capítulo de la semana pasada (La constante), pero no ansiedad ni esa indomable necesidad de saber cuanto antes qué va a pasar.

Curiosamente, mientras pensaba en este cambio en mi comportamiento habitual (hoy no trabajo, así que tengo tiempo para pensar en trivialidades de ese calibre), me he topado en Espoiler con un artículo en el que Hernán Casciari recorre la historia de la serie a partir de los sentimientos que ha ido despertando en él todo este tiempo. Tras la impetuosidad inicial de todo enamoramiento, su vínculo con los náufragos ha devenido en una relación estable, segura, alejada de los vaivenes iniciales de toda relación y cercana al “amor puro, ese mismo amor fundamental que se explica en el Nuevo Testamento y al que muy pocas almas pueden acceder. Es el amor que todo lo sufre, que todo lo cree, que todo lo espera, y que todo lo soporta. Como el amor de Penélope y Desmond”. Tal vez sea eso lo que me está pasando. O tal vez no.

P. D.: Ya que hablamos de amor, relaciones y esas cosas, ayer mi inminente marido cumplió 39 añazos, así que si alguien quiere felicitarle puede hacerlo con efectos retroactivos.

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