La puerta

Tal vez conozcáis la historia de la Mansión Winchester, una mole construida por la viuda del creador de los famosos rifles tras la muerte de su marido y su hijo siguiendo los consejos de un médium que aseguraba que para mantener a raya a los espíritus de todos cuantos habían fallecido por culpa del arma que había hecho rica a la familia tenía que evitar que cesase jamás el ruido de los martillos de los obreros.

Sin más proyecto que unos dibujos garabateados sobre trozos de mantel, la viuda Winchester acometió una obra colosal y carente del más mínimo sentido.

Durante casi 40 años (es decir, hasta su muerte), los operarios construyeron, reformaron, ampliaron y volvieron a reformar todas y cada una de las estancias de este edificio de 160 habitaciones, seis cocinas, más de 1.200 ventanas y un solo baño (este dato lo recuerdo de memoria de un reportaje de Friker Jiménez, pero no he podido contrastarlo, así que a lo mejor a alguien se le ocurrió que un solo baño era algo escaso).

Las peculiaridades arquitectónicas de esta mole que se ha convertido en una atracción turística (la Winchester Mistery House) incluyen puertas que dan al vacío, pasillos que acaban en una pared y escaleras que no conducen a ninguna parte o, como mucho, sólo “hacia arriba”, como diría el inmenso Bill Murray.

No llega a esos extremos, pero la estructura del edificio en el que trabajo dista mucho de ser considerada lógica, con sus pasillos sinuosos e interminables que esconden pequeños despachos, escaleras que sólo comunican con la planta inmediatamente superior o inferior pero no con el resto o un piso al que sólo se puede llegar con un ascensor (lo llamamos panorámico porque está al aire y tiene paredes de cristal) y que únicamente tiene una elegante sala de reuniones, un no menos elegante baño y una terracita para celebrar fiestas a la luz de la luna.

Mi empresa lleva poco más de un año en él, pero hace unos meses, cuando parecía que al fin se había limpiado todo el polvo del traslado, hubo que volver a hacer reformas. Se ve que el encargado de contar cuántos trabajamos allí es de la generación ESO, porque aquello ya se nos había quedado pequeño.

En lugar de seguir el estilo Winchester (añadir habitaciones y galerías adosadas al exterior, o sea, por fuera), se decantaron por el más castizo del “si nos apretamos, cabemos todos”, así que eso hicieron. Añadieron más y más filas de mesas por todas partes y reubicaron algunas secciones, incluida una que, hasta entonces, estaba enclaustrada en un rellano (amplio, pero rellano) de uno de los pasillos.

A ese hueco trasladaron a otro departamento (nunca he sabido exactamente qué hacen) al que por lo visto no les gustaba eso de estar en medio, porque, nada más instalarles allí, comenzó la colocación de una mampara casi opaca (con el olor de la silicona nos llevamos todos un mes medio colocados) para que nadie viese qué hacen allí y no se evaporase el misterio sobre su papel en la escala productiva.

Se ve que la mampara no era suficiente, porque había un espacio sin cubrir, concretamente el que daba paso al cubículo. Ayer, cuando llegué, me topé en el sinuoso pasillo con un orondo operario (qué palabra tan entrañable, por cierto) que colocaba una puerta. No entiendo mucho, más bien nada, de construcción, así que no sé de qué estaba hecho aquello, pero para que os hagáis una idea, no era una puertecita de plástico enganchada a la pared con velcro. El marco de la puerta era de obra, y la puerta más sólida que las que tengo yo en mi casa.

Cuando me fui a casa, a las tantas de la noche, tuve que pasar junto a la puerta (que es azul, cuando todas las demás son blancas) y vi que se habían dejado la llave (porque tiene llave) puesta. Dudé entre penetrar en aquel misterioso recinto para resolver por fin el enigma y cerrarla y llevarme la llave para que nadie perturbase las inquietantes labores que a buen seguro allí se desarrollan. Pero era tarde y tenía sueño, así que no hice ni lo uno ni lo otro. A lo mejor esta noche…

4 comentarios sobre “La puerta

  1. Sin duda, ya no se hacen películas así, aunque debo reconocer que la idea de incluir ‘Los cazafantasmas’ en esta historia no fue mía, sino de uno que es un verdadero fanático y que desde que lo conozco vocifera periódicamente, a modo de mantra, “Cazafantasmas 3, ya”.

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