Nos gustan, ¿y qué?

Hace un par de días leí en Pizquita un artículo sobre esas series a las que, siendo conscientes de sus defectos, nos enganchamos irremediablemente aunque no seamos capaces de confesarlo en público.

Si creyéramos todo lo que leemos, pensaríamos que no hay televisión más allá de Los Soprano, que Lost puede estar bien pero al fin y al cabo es un producto sólo para frikis y que nadie ve Escenas de matrimonio.

Pero la realidad es bien distinta. Sabemos que cada día cuatro o cinco millones de personas se sientan a ver las broncas de Pepa y Avelino (sí, ya sé que se van a Antena 3, pero no conozco, ni me interesa, los nombres de los demás personajes), que unos cuantos menos siguen año tras año Hospital Central, que Ana y los siete batió récords de audiencia y que Lost es sencillamente fabulosa.

Pizquita habla de Embrujadas, de Siete en el paraíso, de Falcon Beach e incluso de Héroes, que, como dice en otro artículo, está en plena crisis de la segunda temporada (la verdad es que lo poquito que he visto ni invita al optimismo ni en absoluto compensa la desastrosa season finale de la primera).

Todos tenemos algún cadáver en el armario, y en mi caso son unos cuantos. Supongo que la cosa empezaría con la devoción infantil por El equipo A y El gran héroe americano, tan incondicional que incluso, viéndolas años después, me lo sigo pasando pipa. La lista continuaría con aquella temporada que tuve que pasar en casa por culpa de la varicela y en la que me enganché a Santa Bárbara (la cosa acabó cuando volví al colegio, así que me quedé sin saber qué pasaba con aquella pandilla) y con Doña Beija, el único culebrón que he visto enterito y que me zampaba día tras día con mi madre (sí, ya sé que aquello iba de prostitutas y tal, pero a ella no parecía importarle).

Unos años después, Canal Sur emitió un verano Star Trek y no me perdí un solo episodio. Ya sé que Star Trek es una serie de culto, uno de los puntales de la ciencia ficción televisiva/cinematográfica y todo eso, pero buena, buena, tampoco era. Yo me daba cuenta, en mi tierna adolescencia, de la cutrez técnica que emanaba del Enterprise, pero no me importaba. A mí me gustaban las historias y, sobre todo, los personajes. La pareja Kirk/Spock, adobada con Bones McCoy y con las salidas de Scotty es insuperable. Tanto es así que no reconozco como herederos legítimos a ninguna de las tripulaciones posteriores y que estoy profundamente enfadada con J. J. por la osadía de hacer una película sobre la tripulación original (en la que además estará Leonard Nimoy pero no William Shatner, supongo que porque el antaño dueño del mejor trasero de la galaxia y posterior destrozador de clásicos musicales [*] habrá puesto unas condiciones imposibles), aunque al final, como con Indiana Jones, acabaré pasando por el aro.

Dejando atrás la infancia y la adolescencia, la última serie (ya terminada) a la que me enganché fue Buffy, otra a la que se le pueden buscar justificaciones artísticas, intelectuales e incluso morales pero que, básicamente, es una serie para adolescentes, y que conste que tengo en DVD (original) sus siete temporadas.

Y en cuanto a las series actualmente en emisión (para mí El ala oeste sigue en emisión, al menos hasta que pueda conseguir con subtítulos en español sus dos últimas temporadas, pero creo que estamos de acuerdo en que en absoluto forma parte de esta categoría), sigo, de una manera relajada e inconstante, las peripecias de Wisteria Lane (aunque de la cuarta temporada no he visto nada al margen del incidente filipino) y del Hospital Seattle Grace (en el que por lo visto ahora, tal vez alarmados por la escasa consistencia dramática de la serie, van a convertir a Sandra Oh en lesbiana, siguiendo el camino abierto por Urgencias y, más recientemente, aunque sólo se parezca a la anterior en que hay un hospital y es una serie, en Hospital Central), que, aunque no sean más que culebrones con pretensiones, me entretienen, que no es poco.

[*] Como muestra de las aptitudes musicales de Shat, incluyo aquí su hilarante intervención en la ceremonia de homenaje que el American Film Institute ofreció a George Lucas. Sin palabras.

4 comentarios sobre “Nos gustan, ¿y qué?

  1. Estoy de acuerdo (no podía ser de otro modo) con lo de StarTrek. Vaya clasicazo. Y vaya forma de resolver las limitaciones técnicas y de presupuesto: mostrar siempre el puente del Enterprise desde fuera hacia adentro y nunca al revés. Sólo sabíamos qué estaba mirando el señor Sulu por lo que decían los personajes, pero nunca nos lo enseñaban. Tan sencillo como ingenioso.Aparte, yo añadiría dos series que, nos gusten o no, todos hemos visto y que además comparten protagonista: El coche fantástico y Los vigilantes de la playa.

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  2. Tienes toda la razón, Alexandra. Aunque me haya centrado en las series ‘de acción real’ o ‘de carne y hueso’ o como queramos llamarlas, no cabe duda de que todas esas que mencionas, y alguna más, forma parte de nuestra educación, aunque yo apenas me acuerdo, por mucho que mi madre asegure que me las zampaba enteritas, de Marco, Heidi o La abeja maya. En cuanto a Caballeros del zodiaco o Campeones, aunque sí que las vi más de una vez, sobre todo Campeones, no forman parte de mi ADN tanto como El equipo A o El gran héroe americano (de la que casualmente llevo puesta hoy una camiseta), tal vez porque me pillaron en esa etapa de desapego a la animación (también conocida como adolescencia) por la que casi todos hemos pasado.Saludos.

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