Lo mío con Grissom

A pesar de ser una de las series que más he visto en los últimos años, mi relación con CSI ha sido cualquier cosa menos constante. En su día vi en Telecinco el principio, con aquel impactante piloto en el que moría la chica recién llegada que se suponía iba a ser uno de los ejes de la serie, pero mis más que inestables horarios laborales me impidieron en los años siguientes verla más allá de capítulos sueltos que pillaba siempre a la mitad o a las dos de la mañana en las incesantes repeticiones programadas por la cadena amiga.

Podría pensarse que su naturaleza eminentemente episódica es ideal para un seguimiento discontinuo, porque al final de cada capítulo pillan al malo y listo. Pero en CSI, aparte de la mera investigación de los crímenes que ocurren cada noche en la ciudad del pecado, hay un tenue y sutil sustrato personal, humano, compuesto por los retazos de las vidas de sus protagonistas, que a lo largo de los años los guionistas han ido dejando como las pistas que los forenses recogen en cada escena del crimen.

Tan sutil es ese retrato de los personajes que la sexta temporada (la última emitida hasta ahora en España) terminaba con Grissom (William Petersen) y Sara (Jorja Fox) en la habitación de un hotel, hablando sobre si les gustaría o no saber cuándo van a morir y desvelando de repente una relación (sabíamos que había un interés mutuo, pero nada más) sin que hayamos visto siquiera su primer beso.

Como soy un animal de costumbres, pensaba esperar a que la séptima temporada llegase a AXN o a Telecinco mientras dedicaba mis noches libres de los lunes a despotricar contra Horatio (el hombre de las gafas de sol, las manos en la cadera y la mirada esquiva, incapaz de mirar a la cara a nadie con el que esté hablando y que tiene siempre el mismo rictus pétreo, no importa que esté en la cola del súper o que esté viendo morir a su hermano) y los suyos, pero la ferviente recomendación de Hernán Casciari en Espoiler picó mi curiosidad y me llevó a conseguir los siguientes episodios de los chicos de Grissom, los primeros que vería sin anuncios y en versión original.

Si digo que es una temporada rara, me quedo corta. Con tantos años a sus espaldas, numerosos premios y el apoyo incondicional de la audiencia de todos los países en los que se ha emitido, lo normal sería seguir con la fórmula de siempre y renunciar a toda innovación, pero nada más lejos de la realidad. Menos un episodio musical, en la séptima hay de todo. Desde un episodio dividido en capítulos y narrado por los cadáveres cuyas muertes investigan los forenses, hasta el deceso casi simultáneo de dos gemelas que no se conocen, pasando por un asesino accidental cuyos flashbacks están narrados como si de una comedia muda se tratase, un homenaje a la edad de oro de Las Vegas (la del apogeo de la mafia), un episodio protagonizado por los técnicos del laboratorio (con Hodges a la cabeza), una secta que cree que alienígenas con forma de reptil nos están invadiendo y alguna que otra matanza.

Pero aunque cualquiera de estos episodios es muy superior a cualquier otra serie policiaca, lo mejor son los dos arcos argumentales de la temporada. El primero dura cuatro capítulos y está protagonizado por Keppler, un policía procedente de Philadelphia que se une al turno de noche para suplir la ausencia de Grissom, que se ha tomado una pequeña excedencia para impartir un curso sobre bichos en una universidad (el estrés obligó a William Petersen a tomarse un descanso en pleno rodaje).

Keppler, interpretado por Liev Schreiber y presentado por la CBS con una divertida campaña de publicidad (por desgracia no sigue activa), protagoniza cuatro de los mejores capítulos de la temporada, que combinan un asesino en serie en activo desde los años 70, un engaño a todo el laboratorio para pillar a un escurridizo criminal y una red que roba tejidos y huesos a los muertos, no importa que estén sanos o no, para venderlos después como partes perfectamente saludables a gente que necesita un trasplante. Como queda claro desde su primera aparición en pantalla, Keppler carga con un oscuro pasado, que incluye la muerte de su novia, el ajusticiamiento de su presunto responsable (y su posterior encubrimiento) y su conflictiva relación con el padre de la chica, una historia que se revolverá en su cuarta y última intervención en la serie.

Si el de Keppler es interesante, el arco de las miniaturas es sencillamente fabuloso. Arranca en el primer episodio y continúa hasta el último (y sigue abierto), aunque sólo está presente en un puñado de capítulos.

Todo comienza con el asesinato de una estrella del rock venida a menos (a la que Grissom y el doctor Robbins homenajean cantando su gran éxito mientras le hacen la autopsia) junto a cuyo cadáver aparece una réplica exacta en miniatura de la escena del crimen. Cuando digo exacta quiero decir exacta. Todos y cada uno de los objetos de la habitación están reproducidos con una minuciosidad que aterroriza a los investigadores y fascina a Grissom, al que, como sabemos, apasionan los detalles. Junto a la identidad del asesino, la pregunta que asalta a todos es si el criminal fabrica su réplica antes o después del crimen. A lo largo de la temporada, las miniaturas siguen apareciendo sin que los CSI puedan hacer nada para detener al criminal, que en el último episodio decide atacar directamente a Grissom enviándole una miniatura con una muñeca atrapada bajo un coche en medio del desierto. Y esa muñeca es Sara.

La relación entre Grissom y Sara, que sólo se hace pública en ese último capítulo, es otro de los focos de interés de esta séptima temporada. Siguiendo el estilo de la serie apuntado más arriba, su historia se nos cuenta poco a poco, con una elegancia que me ha hecho olvidarme (al menos por ahora) de la tirria que les tengo a Jorja Fox y a Sara Sidle y que por momentos (como la dificultad que tiene un hombre tan frío como Grissom para expresar sus sentimientos a la mujer que ama) llega a conmover.

P. D.: La octava temporada arranca el día 27. Cuando terminaba el rodaje de la séptima, Jorja Fox se enredó en una disputa con la productora porque quería que le subieran el sueldo. Sus jefes no estaban por la labor, así que ella se negó a seguir trabajando. No sé si finalmente llegaron o no a un acuerdo, por lo que ignoro si Sara continuará o no en CSI, aunque el primer episodio de la nueva etapa se titula Dead doll.

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