La próxima víctima

Un asesino en serie que sólo mata a criminales y que además trabaja para la policía. La premisa era interesante y durante toda la temporada no dejé de leer buenas críticas sobre la que llamaban “una de las series del año”. Hace varios meses almacené el piloto en mi disco duro, a la espera de echarle un vistazo para ver si merecía la pena conseguir el resto pero, como decía hace unos días, hasta que llegaron las vacaciones Dexter estuvo en mi lista de tareas pendientes.

Ni que decir tiene que en cuanto vi ese piloto me hice con el resto de su primera temporada, una pequeña delicatessen que se acerca a unas criaturas tan fascinantes (narrativamente hablando) como los asesinos en serie desde un punto de vista que, sin despreciar lo mucho que hemos aprendido de investigación forense gracias a Grissom y sus chicos, aporta un poco de aire fresco a un género que, por culpa de los subproductos, estaba empezando a decaer.

La serie es una adaptación de los libros Darkly Dreaming Dexter y Dearly Devoted Dexter, de Jeff Lindsay, editados en España por Umbriel con los títulos El oscuro pasajero (toma ya traducción creativa) y Querido Dexter. Creo que cada uno corresponde a una temporada, aunque como tengo los dos todavía en mi cada vez más abultada pila de libros por leer, no puedo confirmar el dato. Hay una tercera novela, Dexter in the dark, que aún no ha sido traducida al español, aunque supongo que si finalmente Cuatro llega a emitirla, como ha anunciado, pronto veremos las novelas en las mesas de novedades y no en el último rincón de las librerías (eso las que las tienen, porque no ha sido fácil conseguirlas).

Aleccionado desde pequeño por un padre adoptivo que enseguida lo caló (interpretado por James Remar, el Jonah de Jericho), Dexter (Michael C. Hall, de A dos metros bajo tierra) no mata al azar. Sacia su sed de sangre escogiendo cuidadosamente a sus víctimas de entre la escoria de la especie humana: pederastas, psiquiatras que inducen a sus pacientes al suicidio, un matrimonio que extorsiona y luego mata a balseros cubanos e incluso al conocido como asesino del camión frigorífico, un individuo que desangra y después descuartiza a prostitutas cuya persecución articula toda la trama de esta primera temporada.

Dexter no es un ángel, pero podría ser mucho peor si su padre adoptivo no lo hubiese rescatado del horror que truncó su infancia y despertó en él sus impulsos homicidas. No se arrepiente de lo que hace sencillamente porque es incapaz de sentir nada, aunque el final de la primera temporada y lo poco que he visto del comienzo de la segunda apunta que algo está empezando a cambiar en él.

La nueva etapa de Dexter arrancará en EEUU (en Showtime) a finales de septiembre, mientras su desembarco en Europa (en la cadena británica FX) viene precedido por una curiosa promoción que convierte a cualquiera en la próxima víctima de nuestro asesino favorito. Seguro que hay quien se asusta con la bromita, pero yo no he podido evitar soltar una carcajada cuando he visto esta mañana mi propia amenaza de muerte.

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